Después, el santo enamorado de la perfecta humildad se fue a donde los leprosos; vivía con ellos y servía a todos por Dios con extremada delicadeza: lavaba sus cuerpos infectos y curaba sus úlceras purulentas. En efecto, tan repugnante le había sido la visión de los leprosos, como él decía, que en sus años de vanidades, al divisar de lejos, a unas dos millas, sus casetas, se tapaba la nariz con las manos. Mas una vez que, por gracia y virtud del Altísimo, comenzó a tener santos y provechosos pensamientos, mientras aún permanecía en el siglo, se topó cierto día con un leproso, y, superándose a sí mismo, se llegó a él y le dio un beso. [...] También cubría las necesidades de los demás pobres.A cerca de la traducción completa al chino de dicha obra. cfr. www.ilcattolico.it Cualquier referencia franciscana está a su disposición en el “Franciscan Education Channel” de Hong Kong a través de una serie de videos “Facing the Epidemic with St Francis” (De frente a la epidemia con San Francisco) vía YouTube.