El lunes 11 de noviembre, en el Auditorium Antonianum (Roma), se celebró el tradicional Acto Académico en honor del Beato Juan Duns Escoto, organizado por la Pontificia Universidad Antonianum en colaboración con la Comisión Escotista y el Centro Italiano de Escotismo (CIS).
El encuentro fue moderado por Fr. Witold Salamon. Tras las palabras de saludo del Rector Magnífico de la PUA, Fr. Agustín Hernández Vidales, y el informe anual de Fr. Josip Percan, Presidente de la Comisión Escotista, intervino el Dr. Andrea Nannini, del Instituto de Historia de la Teología, con una conferencia titulada “Libertad y contingencia: reflexiones metafísicas a partir de Lectura y Ordinatio, I, d. 39”, en la que abordó el tema de la libertad y la contingencia. Existen dos niveles distintos de contingencia: la diacronía y la sincronía. La primera es un concepto aristotélico conforme al cual la voluntad puede dirigirse hacia objetos opuestos en instantes sucesivos, en sucesión. Por otra parte, la contingencia sincrónica de Duns Escoto deriva de la libertad de la voluntad y significa que la voluntad que quiere “x” en el instante “t” puede no querer “x” en el mismo instante “t”. Según Escoto, sólo la voluntad es principio de contingencia en sentido sincrónico, pues sólo la voluntad es potentia ad opposita simul. El libre albedrío de Duns Escoto significa una acción contingente que procede de la unidad de la potencia y la potencia lógica.
A continuación, el Prof. Luca Parisoli, Director Científico del CIS, abordó el tema “Consideraciones mínimas sobre el escotismo”.
Clausuró el encuentro Fr. Massimo Fusarelli, Ministro general OFM y Gran Canciller de la PUA, quien, en su discurso “La esperanza, una virtud ardua para atravesar un tiempo dramático”, analizó la importancia de la virtud teologal, tema del inminente Jubileo, que de hecho nos invita a ser peregrinos de la esperanza. Fr. Massimo recordó cómo Duns Escoto habla de la esperanza en sus comentarios a las Sentencias (Lectura y Ordinatio). Ésta “no es sólo una virtud teologal, sino que forma parte de un dinamismo espiritual que une al ser humano al amor de Dios mediante el deseo, antes de ser cognoscente. De este modo, lo sitúa en una condición de confianza y de espera respecto a la gracia divina, orientada hacia la meta de la beatitud definitiva”, añadiendo que la esperanza parece ser, para el Dr. Sutil, aquella virtud que” une las virtudes teologales, situadas en las potencias del alma del creyente. Gracias a ella, de hecho, el cristiano sigue siendo peregrino: siempre en camino y en búsqueda, incluso cuando se encuentra inseguro y, precisamente por ello, mendigo de esperanza”.
Así pues, ¿por qué llamarla virtud “ardua”? Retomando el pensamiento de Duns Escoto, el Ministro general subrayó el modo en que la esperanza, para nosotros los cristianos, se refiere al amor de Dios, a la espera de la resurrección de los muertos, al objetivo último que nos lleva a caminar en la vida. Por eso, hoy, en un mundo secularizado, se hace realmente difícil preocuparse por la paz, la justicia y el desarme; por el diálogo entre los pueblos; por la casa común; por la democracia como participación y pasión por las relaciones, respetuosas de las diferencias y nunca agotadas en la búsqueda de lo que une. “La urgencia de estas 'arduas' realidades nos da la medida de la urgencia de la esperanza. No se trata de un consuelo pasivo, sino de la responsabilidad activa de dar cabida al poder del Evangelio en las condiciones actuales, en la espera activa del cumplimiento de las promesas de Dios”, afirmó Fr. Massimo.
Para concluir, el Gran Canciller subrayó la importancia del estudio e investigación para cultivar las razones de la esperanza, desde las raíces más sólidas, para consolidar caminos y nuevas prácticas de esperanza.