El 8 de septiembre de 2026, en la fiesta de la Natividad de la Virgen María, la parroquia Santa María Reina de los Apóstoles, ubicada en el barrio de Kigoma, en Lubumbashi (República Democrática del Congo), vivió una jornada de profunda alegría franciscana. En un ambiente de sencillez y gratitud, 16 hermanos emitieron su primera profesión: 11 de la Provincia de San Benito el Africano y 5 de la Provincia de San Antonio de Padua. Además, 6 hermanos realizaron su profesión solemne: 4 de la Provincia de San Benito el Africano y 2 de la Provincia de San Antonio de Padua. Otros cinco hermanos celebraron sus 25 años de vida religiosa. La Eucaristía fue presidida por el hermano Georges Misange, ministro provincial de la Provincia de San Benito el Africano, quien también dio gracias por sus 25 años de consagración.
La comunidad parroquial, las familias de los profesos y de los jubilarios, los miembros de la Familia Franciscana y numerosos amigos acompañaron a los hermanos con su oración y cercanía. Toda la celebración estuvo marcada por un clima de fraternidad sencilla, alegría compartida y profundo sentido evangélico.
En su homilía, el ministro provincial recordó que la celebración reunía tres motivos de acción de gracias: el nacimiento de María, los nuevos compromisos religiosos y la fidelidad de quienes celebraban 25 años de vida consagrada. En el marco del octavo centenario del Tránsito de san Francisco, subrayó que la herencia del Pobre de Asís sigue siendo un Evangelio vivo. Como muestra la genealogía de Cristo, Dios no elige a los perfectos, sino a los pequeños y humildes: María, Francisco y tantos hermanos nacidos en contextos sencillos. Por eso, señaló, la vida franciscana pierde su sentido cuando busca honores, títulos o poder.
Dirigiéndose a los hermanos de profesión temporal, les recordó que la pobreza, la obediencia y la fraternidad exigen un verdadero desapego. El hábito no es un privilegio ni una forma de seguridad social, sino un compromiso de amar, incluso cuando cuesta. A los hermanos de profesión solemne les recordó que su “sí” definitivo es un signo profético en un mundo donde tantas cosas se descartan y se sustituyen con facilidad. Los animó a no dejar que la rutina apague el primer amor. A quienes celebraban su jubileo, les señaló que 25 años no son una medalla, sino una pregunta: ¿qué hemos aportado realmente a la fraternidad? La antigüedad, afirmó, nunca sustituye a la conversión.
Finalmente, el ministro provincial recordó la esencia de la fidelidad franciscana: permanecer disponibles para Dios, para la Iglesia y para los hermanos. Para vivir plenamente la profesión religiosa, es necesario dejar morir en uno mismo el deseo de llamar la atención, el afán de poseer, las rivalidades y la indiferencia ante los pobres. El mundo no necesita religiosos mundanos o simplemente ocupados, sino hermanos de oración, arraigados en una fraternidad radical y portadores de una pobreza alegre; hombres capaces de conmover al mundo con la transparencia de su vida y la fuerza de su santidad.
En este día de gracia, la comunidad confió a María, humilde sierva del Señor, y a Francisco, hermano universal, el camino de cada uno de los hermanos. Que su disponibilidad y humildad inspiren a los nuevos profesos, sostengan los compromisos definitivos y renueven la fidelidad de los jubilarios. Que esta fiesta sea también para toda la Familia Franciscana una llamada a caminar con la alegría del Evangelio, como hermanos menores, sencillos y fervorosos, al servicio de Dios y de su pueblo.
Fr. Luc Nzita, OFM