La Compañía de Danza Acuarela Boliviana, bajo la dirección de Natalia Loma Paz, presentó por primera vez en Bolivia el Cántico de las Criaturas en forma de ballet: un homenaje artístico y espiritual en conmemoración de los 800 años de esta obra inmortal de San Francisco de Asís.
El estreno tuvo lugar en septiembre de 2025, durante el Capítulo Provincial de los Hermanos Menores de la Provincia Misionera de San Antonio en Bolivia, marcando un acontecimiento fraterno en el diálogo entre arte, fe y cultura.
La presentación se enmarca también en la conmemoración del décimo aniversario de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, que retoma la inspiración franciscana para recordarnos la urgencia de proteger nuestra Casa Común. En el contexto boliviano, este llamado adquiere especial relevancia ante la deforestación de la Amazonía, la contaminación de ríos y lagos, la pérdida de biodiversidad y los efectos del cambio climático que impactan con fuerza en las comunidades campesinas e indígenas, guardianas ancestrales de la naturaleza.
La propuesta artística de Acuarela Boliviana convierte la poesía en movimiento: cada coreografía es alabanza y denuncia, plegaria y profecía. El ballet se transforma en una oración danzada que celebra la belleza de la creación y, al mismo tiempo, nos recuerda la responsabilidad de cuidarla.
En su lenguaje universal, la danza invita a redescubrir la hermandad con el sol que nos da calor, a bendecir la pureza del agua que da vida, a agradecer la tierra que nos alimenta y a abrazar el aire, el fuego, la noche y la vida misma como parte de una gran familia cósmica.
Reconocida internacionalmente por llevar el arte y la cultura de Bolivia a escenarios de Europa y América, Acuarela Boliviana ofrece con esta obra un testimonio que trasciende fronteras. Con su combinación de tradición y modernidad, el Cántico de las Criaturas se convierte en un canto de paz, de fraternidad universal y de compromiso con la vida.
En definitiva, este ballet es un puente entre siglos y culturas: una obra que honra el pasado y mira al futuro, recordándonos que el cuidado del planeta no es solo una necesidad ecológica, sino también un acto de amor y esperanza para las próximas generaciones.