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Cierre del jubileo en San Pedro

El Papa León XIV invita a una nueva esperanza en la Epifanía

06 Enero 2026

El 6 de enero, día de la Epifanía, en la Basílica de San Pedro en Roma, el camino jubilar vivió su último tramo. A lo largo de la mañana, el Papa León XIV presidió el rito de clausura de la Puerta Santa en la Basílica, un gesto sencillo y solemne que selló el Año Santo iniciado el 24 de diciembre de 2024. En un clima de silencio orante, con el paso a través del umbral y su posterior cierre confió a la misericordia de Dios las oraciones y las lágrimas de tantos “peregrinos de la esperanza” que en estos meses cruzaron esa puerta en busca de reconciliación y de paz.

Inmediatamente después, el Santo Padre celebró la Santa Misa de la Epifanía y, comentando el Evangelio de Mateo, recordó cómo el Evangelio describe «la inmensa alegría de los Magos al ver de nuevo la estrella», pero también «el desconcierto de Herodes y de toda Jerusalén» ante su búsqueda. El Papa subrayó que la Escritura, cuando habla de las manifestaciones de Dios, nunca oculta estos contrastes de sentimientos: «alegría y turbación, resistencia y obediencia, miedo y deseo», mostrando cómo el encuentro con el Señor sacude siempre las falsas seguridades. En esta perspectiva, vinculó el gesto de la clausura de la Puerta Santa al camino interior de los Magos, como signo de un paso que va de una fe acostumbrada a una búsqueda viva de Dios.
Desde aquí, León puso de relieve el significado de la Epifanía como comienzo de una esperanza nueva precisamente en el momento en que concluye el Año Santo. «Hoy celebramos la Epifanía del Señor, conscientes de que en su presencia nada permanece como antes. Este es el inicio de la esperanza», afirmó, explicando que cuando Dios se revela «nada puede quedarse inmóvil» y termina esa falsa tranquilidad que lleva a repetir: «No hay nada nuevo bajo el sol». Recordando las palabras del profeta Isaías – «¡Levántate, brilla, que llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti!» – el Papa invitó a los fieles a leer la clausura de la Puerta Santa no como una conclusión formal, sino como el comienzo de un tiempo en el que «del modo en que acogemos esta luz dependen el presente y el futuro», para que la gracia jubilar siga actuando en la vida personal, eclesial y social.

A mediodía, en la oración del Ángelus desde la Logia central de la Basílica de San Pedro, el Papa León recordó que la alegría cristiana nace de la manifestación de Dios en Jesús, que nos da esperanza también en las dificultades porque “Dios salva”. Explicó que en Cristo se ha revelado la vida divina que libera de los miedos y construye la paz, invitando a la comunión y al compartir. Vinculando los dones de los Magos al Jubileo recién concluido, el Papa exhortó a entregar todo de sí para que crezca el Reino de Jesús, transformando a los adversarios en hermanos, las desigualdades en equidad y la guerra en un trabajo artesanal de paz. Concluyó invitando a todos a ser “tejedores de esperanza”, caminando hacia el futuro por otro camino, con una esperanza concreta que viene del cielo y renueva la tierra.

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