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Cuatro frailes jóvenes franceses reconocidos como Mártires del apostolado católico

Gérard Cendrier, Roger Le Ber, Louis Paraire e Xavier Boucher

18 Diciembre 2025

El convento Saint-François de París vibró durante todo un fin de semana junto a la Iglesia de Francia con motivo de la beatificación de los hermanos menores Gérard Cendrier, Roger Le Ber, Louis Paraire y Xavier Boucher. Junto con otros 46 fieles, en su mayoría laicos (miembros de la Juventud Obrera Cristiana y scouts), fueron reconocidos mártires del apostolado católico, es decir, asesinados por los nazis por haber prestado, clandestinamente, asistencia espiritual a los jóvenes franceses deportados al Servicio de Trabajo Obligatorio. Fr. Massimo Fusarelli, acompañado por Fr. Giovanni Giuseppe Califano y Fr. Jürgen Neitzert, había viajado desde Roma para unirse a la alegría de los hermanos de la Provincia de Francia-Bélgica.

Las festividades comenzaron la noche del viernes 12 de diciembre con una conferencia histórica que pretendía ser un momento de recuerdo y oración. Fr. Luc Mathieu, memoria viva de la Provincia que conoció a estos hermanos, tomó la palabra desde sus cien años junto con la historiadora Caroline Langlois, detallando sus trayectorias ante una atenta audiencia. 

UNA VIDA FRANCISCANA AL CORAZÓN DEL INFIERNO

Desde ese mes de septiembre de 1943, el cual vio la partida de 12 jóvenes franciscanos aún en formación, que llegaron al campo de la Deutsche Reichsbahn de Colonia hasta el campo de concentración de Buchenwald, los dos expositores presentaron a unos hermanos preocupados por convivir y reorganizar su vida comunitaria en medio de los incesantes bombardeos. 
Los descubrimos dedicados a los enfermos, cantando por las tardes, movilizando a sus compañeros para vestir y alimentar a los prisioneros ucranianos y rusos, saboteando material, ayudando a escapar a prisioneros, sustituyendo en el trabajo a compañeros al borde del agotamiento, comprometidos con la Acción Católica —la capellanía, ahora prohibida y clandestina—, y luego golpeados, condenados a trabajos perpetuos y luchando contra las epidemias de tifus y disentería. La asamblea se emocionó al leer varios de sus testimonios, impregnados de amor por la espiritualidad franciscana a la que habían dedicado su vida: “San Francisco, en mi lugar, no habría actuado de otra manera”, repetía Fr. Gérard Cendrier.
Un aspecto que marcó profundamente a Fr. Massimo: «Creo que su testimonio es muy actual, sobre todo para los hermanos más jóvenes de la Orden. Se mantuvieron unidos entre ellos y con las personas a las que servían de manera muy concreta, compartiendo sus preguntas y su vida cotidiana. Creo que su testimonio puede dar mucha fuerza y luz a nuestro oscuro presente. El martirio no es “ser fuerte”, eso es heroísmo pagano. El martirio cristiano es ser débil —y cuán débiles eran ellos—, pero, llamados por Dios, encontraron la fuerza para amarlo hasta el final». Haciéndose eco de estas palabras, Fr. Massimo confió que esa misma mañana había enviado una carta a sus hermanos presentes en zonas de guerra en Ucrania, Siria, Haití, Guinea-Bissau o el este del Congo.

COMPROMETERSE CON EL IMPULSO DE LA BEATIFICACIÓN

El sábado, la celebración adquirió una dimensión muy especial con la Misa solemne de beatificación en Notre-Dame de París. En este lugar emblemático, la liturgia reunió a más de cuarenta obispos de Francia y Alemania.

«Sea cual sea nuestra vocación, nuestra profesión, nuestra responsabilidad, estamos comprometidos, como discípulos de Cristo, al servicio de nuestros hermanos, allí donde, en su Providencia, Dios nos ha colocado […] La fe nunca es privada, debe encontrar su expresión en el servicio concreto a nuestras hermanas y hermanos. […] Esta beatificación nos invita a mirar el presente y a preparar el futuro. […] Vivimos, hemos vivido, una reconciliación de los pueblos. Es una labor que nunca termina y que toda generación debe continuar. […] A ustedes los jóvenes, que quizá no vienen a la iglesia, de Francia y de Europa, a ustedes que ya no ven sentido a sus vida, miren a Cristo, Príncipe de la paz, Príncipe del amor y no del odio, aprendan de Él como lo hicieron sus hermanos mayores mártires, beatificados del día de hoy, aprendan de Él a comprometerse por el bien de sus hermanos y hermanas», exhortaba en su homilía el cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo. Momento culminante de la celebración: la lectura en voz alta de los cincuenta nombres de los mártires y la inauguración de la obra de Nicolas de Palmaert que representa a los 50 mártires —ahora beatos— ascendiendo simbólicamente al cielo alrededor de la cruz de Cristo.

El fin de semana concluyó con una misa de acción de gracias presidida por Fr. Massimo en el convento de la calle Marie Rose. En este domingo de Gaudete, invitó a la asamblea a meditar sobre la figura de Juan Bautista en su vulnerabilidad y sus dudas, las mismas que sin duda experimentaron los cuatro mártires cuyos retratos se habían expuesto en la capilla. «El verdadero profeta no es un adivino, sino aquel que, en tiempos de hambruna y desesperación, hace mirar hacia el futuro y hace presentes la esperanza y la alegría: ¡se convierte en sacramento de la presencia de Dios! ¡Cómo se ve y se palpa esto en la vida de nuestros jóvenes hermanos! […] También su fe fue duramente puesta a prueba. Y tal vez también para ellos la oscuridad y el frío de la noche les dificultaban pensar en la esperanza y la alegría... Sin embargo, decidieron permanecer unidos, incluso ante la posibilidad de la muerte, es decir, de la vida ofrecida por Cristo. Por muy amarga que pueda parecer la realidad, por muy grande que sea nuestra pérdida, siempre es cierto que el Señor viene. Este es el gran mensaje del Adviento, este es el gran mensaje de nuestros hermanos». 

Emilie Rey, Oficina de Comunicaciones de la Provincia del Beato Duns Scoto

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Postulación general OFM en el mundo Ministro General
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Fr. Massimo Fusarelli
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