Del 6 al 8 de octubre se llevó a cabo en directo a través de Internet (presencialmente, en el Santuario del Despojamiento de Asís) el IV encuentro anual de La Economía de Francisco, la comunidad que reúne a jóvenes economistas, emprendedores y empresarios de todo el mundo.
Para tratar el tema de la economía en el mundo actual, el Papa Francisco habló en su mensaje sobre la coincidentia oppositorum, la unidad de los opuestos, y cómo las teorías intentan reconciliarlos y crear una síntesis entre ellos. “Lo grande y lo pequeño, la pobreza y la riqueza, y tantos otros opuestos que hay también en la economía. La economía son los puestos del mercado, como lo son los centros de las finanzas internacionales [...]. ¿Dónde está la coincidencia entre estos opuestos? Se encuentra en la auténtica naturaleza de la economía: ser un lugar de inclusión y cooperación, una generación continua de valor que se crea y circula entre los demás. Lo pequeño necesita de lo grande, lo concreto de lo abstracto, el contrato del don, la pobreza de la riqueza compartida”.
Sin embargo, ante una economía que “asesina, excluye, contamina y produce la guerra”, que genera ganancias “en la piel de los más vulnerables e indefensos”, que es “sólo prepotencia, violencia, sólo un escenario depredador del cual hay que liberar a la humanidad”, el pontífice propone “la economía de la tierra y la economía del camino”.
El primer significado del término economía, “cuidado de la casa”, nos recuerda la casa común, el mundo en el que vivimos, que nos ha sido confiado por el Creador: “Al nacer estamos llamados a ser custodios de este hogar común y, por tanto, hermanos y hermanas de todos los habitantes de la tierra. Hacer economía significa cuidar la casa común, esto no será posible si no tenemos los ojos adiestrados para ver el mundo a partir de las periferias: la mirada de los excluidos, de los últimos”, escribe el Papa Francisco. Quien continuó: “La economía integral es la que se hace con y para los pobres -en todas las modalidades en que hoy se es pobre-, los excluidos, los invisibles, los que no tienen voz para hacerse oír”.
Para la “economía del camino”, el Papa Francisco ha tomado la imagen del Poverello de Asís: “Cuando Francisco de Asís, tan querido por nosotros, inició su revolución, también económica, sólo en nombre del Evangelio, se volvió un mendigo, un vagabundo: se puso en camino, dejando la casa de su padre Bernardone. ¿Cuál es, entonces, el camino de quienes quieren renovar la economía desde la raíz? [...] Del mismo modo que el peregrino sabe que su viaje será polvoriento, también ustedes saben que el bien común requiere un compromiso que ensucie sus manos. Sólo las manos que se ensucian saben cómo cambiar la tierra: se vive la justicia, se encarna la caridad y, solidarios con los desafíos, perseveramos con valentía en ellos”.
El Pontífice concluyó su mensaje con una invitación decidida y afectuosa: “Les pido que permanezcan activamente unidos, construyendo puentes reales entre los continentes sobre temas operativos, que saquen definitivamente a la humanidad de la era colonial y de las desigualdades. Pongan rostros, contenidos y proyectos a una fraternidad universal. Sean pioneros dentro de la vida económica y empresarial del desarrollo humano integral. Confío en ustedes y nunca lo olviden: los quiero mucho”.
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