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De la oración al cuidado fraterno en el Capítulo Under Ten

En las Cárceles, una llamada a unir contemplación y misión, de la montaña al valle

09 Julio 2026

El miércoles 8 de julio, los hermanos participantes en el VI Capítulo de las Esteras Under Ten OFM vivieron en Asís una jornada dedicada a la oración, al cuidado integral de la persona y continuaron con el contacto con los lugares franciscanos. El día comenzó con las Laudes y continuó con la lectio divina sobre “El espíritu de oración y devoción”, guiada por Suor Therèse Myriam, abadesa de las Clarisas Coletinas de Asís. Desde la experiencia contemplativa de Clara y de sus hermanas, la reflexión ayudó a reconocer que la oración no es un tiempo separado de la vida, sino el fuego interior que sostiene el trabajo, las relaciones y la fidelidad cotidiana.

Suor Therèse Myriam recordó la preocupación de santa Clara y de san Francisco por no extinguir “el espíritu de la santa oración y devoción”. La oración y el trabajo, subrayó, no se oponen entre sí, sino que se iluminan y se alimentan mutuamente. En este camino, la verdadera conversión comienza por el conocimiento de sí, pero no termina en uno mismo: abre a la humildad, a la pobreza, al silencio, a la memoria de la pasión de Cristo y a la perseverancia en el amor. La devoción fue presentada como una entrega de toda la persona a Dios, encendida por el Espíritu y purificada en el contacto con las llagas de Cristo.

La mañana continuó con la intervención del Prof. Giuseppe Crea, misionero comboniano, psicólogo y psicoterapeuta, sobre la salud mental y emocional. Su reflexión invitó a los frailes a mirar la diversidad de personalidades no como una amenaza, sino como una riqueza que necesita ser reconocida, armonizada y puesta al servicio de la fraternidad. Cada persona lleva dones y límites; cuando un rasgo se vuelve rígido, puede transformarse en dificultad, pero cuando es asumido con libertad y acompañado por la comunidad, puede convertirse en camino de crecimiento vocacional.

El Prof. Crea insistió también en el valor de las relaciones como lugar de maduración humana y espiritual. Nadie se salva solo, y la vida fraterna pide el paciente paso del “yo” al “tú”, de las propias cosas a las cosas comunes, para caminar hacia las cosas de Cristo. En este horizonte, la corrección fraterna, la escucha y la capacidad de pedir ayuda no son signos de debilidad, sino expresiones concretas de una fraternidad que cuida. También las emociones fueron presentadas como señales importantes: regulan la acción, ofrecen energía afectiva y ayudan a reconocer los propios límites.

La mesa redonda de la segunda parte de la mañana profundizó estos temas desde la cura de sí, la salud mental y la protección dentro de la Orden. Moderada por Fr. Albert Schmucki, OFM, Presidente de la Comisión Internacional para la Protección de la OFM, reunió a Suor Therèse Myriam, al Prof. Giuseppe Crea y a Fr. Eduard Iurii Semko, OFM, Director de la Oficina de Protección de menores y adultos vulnerables de la OFM. Las preguntas de los participantes mostraron tensiones reales en la vida franciscana: la distancia entre el ideal y la realidad cotidiana, la dificultad de integrar misión y comunidad, el peso de la soledad, el impacto de los medios digitales y la necesidad de espacios seguros para compartir la propia fragilidad.

La protección fue presentada no sólo como respuesta a un problema, sino como una exigencia del Evangelio y de la identidad franciscana. Fr. Eduard Iurii Semko recordó que la cura de sí es también una primera forma de protección: un hermano que se deja convertir por el Evangelio aprende a construir relaciones más libres, transparentes y sanas. Allí donde las fragilidades no son reconocidas, pueden nacer compensaciones, abusos de poder o formas sutiles de abuso espiritual; por eso, una fraternidad capaz de prevenir el aislamiento, favorecer el diálogo y acompañar a quien está cansado se convierte en una verdadera escuela de cuidado.

Por la tarde, los participantes realizaron la última peregrinación a los tres lugares franciscanos: la Porciúncula, San Damián y las Cárceles. El grupo de lengua española subió al santuario de las Cárceles, lugar de silencio, retiro y memoria viva del camino interior de san Francisco. Allí, Fr. Carlos Salto, OFM, ofreció la reflexión “La alternancia franciscana. De la montaña al valle”, ayudando a los hermanos a contemplar una dimensión esencial de la vida menor: subir a la montaña para estar con el Señor y bajar al valle para encontrarse con los hermanos, con los pobres y con las heridas del mundo.

En las Cárceles, la experiencia del silencio no fue presentada como evasión, sino como regreso a la fuente. La montaña recuerda la necesidad de detenerse, escuchar, dejarse mirar por Dios y ordenar el corazón; el valle recuerda que la oración verdadera devuelve siempre a la misión, a la fraternidad y al servicio. La alternancia franciscana no separa contemplación y acción, sino que las mantiene en diálogo fecundo. Sin tiempos de oración, la misión corre el riesgo de vaciarse; sin descenso hacia la vida concreta, la contemplación puede cerrarse sobre sí misma.

La reflexión de Fr. Carlos Salto permitió releer el conjunto de la jornada desde el santuario de las Cárceles. El espíritu de oración y devoción, el cuidado de la salud mental y emocional, la protección de los menores y de los adultos vulnerables, y la vida fraterna encuentran un punto común en esta alternancia: aprender a permanecer ante Dios para poder permanecer con los hermanos. En un tiempo marcado por prisas, cansancio y múltiples exigencias pastorales, los frailes Under Ten fueron invitados a custodiar un ritmo evangélico, capaz de integrar silencio y palabra, soledad habitada y comunión, retiro y misión.

Además se realizaron la celebración de la Eucaristía, y la visita guiada con un momento de oración personal. En el santuario de las Cárceles, los hermanos pudieron experimentar que la fraternidad se fortalece cuando cada uno acepta dejarse cuidar por Dios y por los demás. Desde la montaña de Asís, el Capítulo fue llamado a volver al valle con un corazón más libre: disponible para escuchar, para servir y para hacer de la propia vida un lugar donde el Evangelio siga reparando la casa común de la fraternidad.

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Capítulos Under Ten OFM 2026
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