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El compromiso por la paz de los franciscanos en Japón

Continúa la visita de las Oficinas de Animación de la Orden en Asia

19 Febrero 2025

Del 10 al 17 de febrero de 2025, los hermanos responsables de la Secretaría General de Misiones y Evangelización y de la Oficina general de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de la Orden de los Hermanos Menores conocieron, como parte del programa de visita en Asia, el trabajo franciscano en Japón.

En 1977 se crea la Provincia franciscana de los Santos Mártires de Japón, fruto de la presencia misionera de Entidades de la Orden provenientes de Europa y América. En la actualidad la Provincia cuenta con unos setenta frailes distribuidos en nueve casas.
Sin duda, tanto la Iglesia local como la presencia franciscana en Japón están marcado por dos acontecimientos que configuran su rostro. El primero de ellos es la persecución al cristianismo por más de dos siglos que dejó una larga lista de mártires. El segundo está referido al ataque nuclear de los Estados Unidos en agosto de 1945 a dos ciudades japonesas, a saber, Hiroshima y Nagasaki.

Persecución y martirio
El grado, la ferocidad y la duración de la persecución a los cristianos en Japón durante casi doscientos cincuenta años no tiene comparación en los dos milenios de cristianismo. En este largo período decenas de miles de cristianos vivieron su fe en la clandestinidad. El martirio fue la suerte de muchos de ellos y la mayor parte de sus nombres quedaron en el anonimato. 
Dentro de los que recibieron la palma del martirio se encuentran algunos franciscanos. Por ejemplo, el 5 de febrero de 1597 es asesinado, cerca de la ciudad de Nagasaki, el franciscano español Pedro Bautista junto a otros veinticinco cristianos. El papa Pío IX los canoniza en 1862. Una plaza en el centro de la ciudad de Nagasaki está dedicada a estos primeros testigos de la iglesia nipona. Otros 205 mártires fueron beatificaron en 1867. A un grupo de 16 mártires los canonizó san Juan Pablo II en 1987 y, por último, en el 2008 son beatificados en Nagasaki 188 mártires.
Algunos de los hermanos franciscanos del Japón son descendientes de las familias cristianas que vivieron su fe de manera oculta. Por tanto, la Iglesia local y la presencia franciscana tienen su origen en el testimonio de esta gran asamblea de mártires del Japón. 
Hoy en día, uno de los desafíos más importantes a los que se enfrentan las religiones en aquel país asiático es la indiferencia religiosa. Por un lado, la edad media del clero y de la vida religiosa crece año con año y, por el otro, los seminarios diocesanos, las casas de formación de la vida consagrada y los monasterios budistas están cada vez más vacíos.
Al respecto, Fr. Massimo Fusarelli, Ministro general en el Documento Hermanos y Menores hoy afirma que “la disminución de vocaciones en algunas zonas y las muchas que hay en otras, junto con los desafíos que afectan a la paz, a nuestra casa común y a la libertad religiosa, nos exigen mucho discernimiento para reconocer la presencia y la acción del Señor en medio de nosotros y a nuestro alrededor”. 

Las bombas atómicas
En el Museo de la Bomba Atómica de la ciudad de Nagasaki se encuentra en exhibición un averiado reloj de agujas que marca las 11:02. Es la hora en que se detuvo a causa de la explosión de la bomba atómica el 9 de agosto de 1945. En pocas horas habría cobrado la vida de más de 70 mil personas convertiéndose en uno de los genocidios con el mayor número de víctima en pocos minutos. Hiroshima lo había vivido tres días antes.
En este año 2025 se conmemorarán los ochenta años del único ataque nuclear registrado en la historia. Fr. Jacob Kataoka, miembro de la Provincia franciscana, es un sobreviviente de la bomba atómica de Nagasaki. Según relata, era un niño de nueve años. Su escuela estaba a medio kilómetro de la zona cero. Recuerda que la mayoría de sus compañeros y maestros fallecieron al instante. 
Haciendo una relectura de la situación actual en el mundo, Fr. Massimo Fusarelli, en el referido documento, se pregunta: “¿Cómo no darse cuenta que en este momento de la historia, las guerras y los conflictos, junto con el cambio climático, son realidades que aumentan año tras año el número de migrantes y refugiados en el mundo, con todas las consecuencias que ello conlleva, incluida la presión para cerrar fronteras y corazones?”.
Fr. Francis Furusato y Fr. Antonio Kim han sido pioneros del así llamado Proyecto Nagasaki, “una Fraternidad Franciscana Internacional de Paz, cuyo concepto básico es difundir y promover la paz perdurable en la ciudad de Nagasaki y en el mundo”. Fr. Francis asegura que “este proyecto no es sólo una mirada al pasado, sino también un mensaje de paz al presente y al futuro”. 
Un proyecto que ha sido posible gracias a la colaboración con otras Provincias franciscanas, sobre todo del continente asiático que han ofrecido hermanos para conformar la Fraternidad internacional. Además, según Fr. Augustine Takuji Kuwata, Ministro provincial, el proyecto Nagasaki está abierto a hermanos franciscanos de toda la Orden deseosos de sumarse ya sea con una estancia larga o un tiempo sabático. Frailes de Alemanía, Argentina, Estados Unidos, entre otros países, han vivido ya esta experiencia. 

El cristianismo y la Orden Franciscana en Japón han sido configurados por una prolongada persecución que llevó a derramar la sangre de mártires y también por las consecuencias de un ataque nuclear. Desde estas heridas históricas surge de nuevo el mensaje y el compromiso de los hermanos franciscanos por la paz. Un mensaje que se encuentra expresado a la entrada del Museo de la ciudad y que puede leerse en diez idiomas: “Nagasaki debe ser el último lugar expuesto a una bomba atómica”. 

Fr. Daniel Rodriguez Blanco, OFM
Director Oficina de JPIC

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