Si “queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido. Celebremos así la liturgia […] y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir […] en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo”.
La fe en Jesús, muerto y resucitado por nosotros y para nuestra salvación, tiene su expresión más viva en la celebración del misterio de Cristo en el curso del año. Aunque el centro de la celebración gira en torno a la máxima solemnidad de la Pascua, se apoya ante todo en el ritmo semanal marcado por el domingo. Este día es fundamental porque recuerda la resurrección del Señor y la efusión del Espíritu Santo.
Si desde el origen de la Iglesia la celebración semanal del domingo y de la Pascua anual era común a las diversas comunidades, otras fiestas litúrgicas fueron apareciendo paulatinamente. A ese primer ciclo Pascual celebrado desde el origen, se complementó posteriormente con el ciclo natalicio o de la manifestación del Señor.
Las fiestas de la Navidad y de la Epifanía aparecieron en el calendario cristiano a comienzos del siglo IV, aunque en lugares diferentes. La Navidad se empezó a celebrar en la iglesia de Roma y la Epifanía en oriente, casi con toda seguridad en Egipto. Ambas celebraciones se extendieron rápidamente por toda la Iglesia
Descargar
N. 119 - 2023.3
PDF: Italiano - English - Español - Français