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En opinión de… Fr. Massimo - Abril 2023

24 Abril 2023

A finales de marzo visité la Provincia de Santa María de los Ángeles, en Polonia, con ocasión del 400 aniversario de su fundación. Un aniversario importante, debido a una historia muy hermosa en la que el carisma de los Hermanos Menores ha sabido expresarse en los contextos más diversos.

Un mes más tarde, del 22 al 26 de abril, estaré en Asia para la erección de la nueva Provincia de San Antonio en Filipinas y de la Custodia Autónoma de Singapur, Malasia y Borneo. Por una parte, tenemos una historia centenaria, por otra, presencias mucho más recientes que encuentran su configuración jurídica y su estabilidad de vida y de misión. 

Con el Tiempo Fuerte del mes de marzo iniciamos procesos de reestructuración en África, desde la República Democrática del Congo hasta África Oriental, para el nacimiento de nuevas Entidades.

De estos datos se desprende que el viaje de la Orden conoce diferentes ritmos y puede expresarse tanto realidades antiguas como nuevas.

Lo compruebo visitando y escuchando a los hermanos en diferentes partes del mundo. Por un lado, somos conscientes de nuestras raíces, que son tan importantes y ricas, y el Centenario franciscano nos lo recuerda, y por otro lado deseamos vivir el carisma hoy, en un tiempo tan nuevo que nos pide más visión y audacia evangélica. 

Este mes he visitado a los hermanos en Turquía, los que viven en Estambul e Izmir, y aquí he comprobado cómo la presencia del mundo musulmán y el contacto con cristianos de otras confesiones son elementos que nos ayudan a vivir hoy nuestro carisma: es el sueño de una humanidad reconciliada y de una fraternidad cada vez más amplia.
Vivimos lo mismo en varias otras partes del mundo y lo que conseguimos hacer es siempre poco, y esto nos mantiene alerta, atentos a vivir inter gentes. Es aquí, de hecho, donde recibimos una provocación muy grande para vivir el Evangelio hoy.

Tuve la gracia de poder visitar a los hermanos que viven en Sri Lanka, pocos en número y en medio de muchas dificultades. Sin embargo, son uno con su pueblo y así muestran con su vida el vivir entre la gente que nos muestra San Francisco. Y esto me ha impresionado mucho este mes, al igual que en Filipinas. Incluso vivir en contextos muy desarrollados, como Singapur, nos hace ver que nuestra presencia de hermanos y menores puede habitar cualquier tierra, si sabemos poner siempre en el centro la vida según el Evangelio, en la búsqueda del Señor, en una vida verdaderamente fraterna y en una cercanía cordial a la vida de las personas, especialmente de los más pobres y excluidos.

Conocer a los hermanos, descubrir sus rostros y sus historias, recoger sus esperanzas y también sus lágrimas, sentir desde dentro cómo se mueve nuestra familia y lo que el Espíritu Santo está obrando en ella, es sin duda el mayor regalo del ministerio que se me ha confiado. Y por ello siento la responsabilidad de recordar a todos los hermanos y hermanas que tanto bien se mueve en medio de nosotros. No mortifiquemos la vida, dejemos que se exprese y explote la belleza de la vocación que hemos recibido y de la que somos responsables ante las nuevas generaciones de hermanos.

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