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En opinión de... Fray Massimo

Octubre de 2024

26 Octubre 2024

Este año celebré la fiesta de San Francisco lejos de Asís y su belleza de espiritualidad y arte, lejos de la memoria viva del Poverello, casi impresa en aquellas piedras. En el VIII Centenario de la impresión de las Llagas, acepté la invitación de ir a Canindé, al noreste de Brasil, donde desde hace más de cien años existe un santuario, el de San Francisco de las Llagas. Mientras conducíamos desde Fortaleza por la carretera bordeada de palmeras y cactus hacia Canindé, veía cada vez más vehículos cargados de peregrinos que llegaban al santuario. Muchos de ellos lo hacen a pie, incluso descalzos.

Al entrar en Canindé, empiezo a ver a muchas personas, grandes y pequeñas, caminando; muchos visten un hábito. En ese momento veo hamacas por todas partes, colgadas de los árboles en espacios verdes o plazas. Es un estallido de vida reflejado en palabras, cantos, miradas, abrazos y de oraciones. Toda la ciudad se convierte en un santuario. No solo la iglesia de San Francisco de las Llagas, abarrotada de gente, sino también las calles y hasta los quioscos donde puedes tomar algo fresco, porque el calor no da tregua.

Este pueblo de gente sencilla, marcado por el sol y el esfuerzo, desborda la ciudad de San Francisco, como la llaman, buscando su presencia oculta y confiando en su oración. En el santuario hay un agujero desde el que todos se asoman, con la esperanza de ver a San Francisco, quien, según la creencia popular, vive escondido en ese lugar y desde allí concede gracias de todo tipo. Pensé entonces en cómo la fe de los sencillos contiene una verdad. ¡Ojalá que quienes visitan nuestros lugares y las casas de nuestros frailes puedan buscar y dejarse tocar por la presencia de Francisco, viva a través de nuestras vidas como hermanos y menores!

La procesión y el Tránsito en la noche del 3 de octubre reúnen a más de medio millón de personas, que cantan, celebran, rezan y guardan silencio. Son tantos los voluntarios, sobre todo jóvenes, tan entusiastas de formar parte de esta gran fiesta popular, que aquí abrazan a Francisco, lo sienten como propio y lo experimentan vivo y operante.

Muchas personas esperan fuera de los confesionarios, rezan en el santuario y duermen allí cumpliendo una promesa; otros participan en la Eucaristía y luego se reúnen alrededor de las hamacas, preparándose para pasar la noche al aire libre. El calor es agobiante, pero no detiene el fervor de nadie.

Según el pueblo del noreste, Francisco vive en Canindé. Francisco vive donde la gente lo busca, donde sus pasos se siguen en caminos polvorientos, donde la esperanza se enciende en una chispa de vida, de sanación, de perdón. Los pobres, a su manera, saben reconocer el rastro que deja la presencia de Francisco y seguirlo. Que ellos nos enseñen a no cansarnos de buscarlo y, con él, de ponernos en las huellas de Cristo.

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Ministro General
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Fr. Massimo Fusarelli En opinión de Fray Massimo
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