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En opinión de… Fray Massimo

Febrero 2026

28 Febrero 2026

En mis viajes para visitar a los hermanos durante los últimos meses me han llevado a países donde la libertad de expresión está reducida a cenizas, sofocada por gobiernos autoritarios. He sentido una especie de opresión palpable, una capa que lo vuelve todo gris y rígido. Las estrategias de control, como el cierre de las redes sociales y las plataformas de comunicación rápida, me transportaron a una época en la cual no existía Internet, lo que me hizo reflexionar sobre lo imposible que parece vivir sin estas herramientas en la realidad actual. Al mismo tiempo, el control constante mediante cámaras y otras formas de vigilancia crea una sensación de vulnerabilidad: sabes que te están observando y que siguen todos tus movimientos. No es agradable y te hace sentir atrapado.

Me di cuenta de que la libertad nunca se da por sentada y que la falta de ella se hace palpable, afectando a los estados de ánimo, incluso mientras caminas por la calle. La libertad es una palabra poderosa y cada vez más amenazada, a menudo sacrificada en nombre de la seguridad, los intereses económicos de unos pocos y las presiones geopolíticas. Se nos exige que entreguemos trozos de nosotros mismos a estrechas oligarquías. Pero… ¿Qué es la libertad?

La tradición franciscana nos enseña que la libertad está estrechamente ligada al amor. Sólo los que aman son verdaderamente libres. Esta combinación de amor y libertad no significa dar rienda suelta a cualquier impulso o deseo. Para San Francisco, somos libres porque fuimos liberados; solo podemos amar de manera auténtica si nos dejamos guiar por el Espíritu del Señor, que nos educa en el amor verdadero. Este amor es lo que nos da vida y nos impulsa a reflexionar sobre nuestro verdadero bien.

Al celebrar el Año de San Francisco, se nos ofrece la oportunidad de recibir el don de la indulgencia. Entre las condiciones propuestas está el desapego emocional del pecado, una verdadera "libertad" capaz de hacernos amar. Ahora bien, esto requiere un compromiso activo para reconocer los lazos que impiden que su corazón y su mente se orienten hacia un bien que trasciende su egoísmo.

No olvidemos que no se trata sólo de un viaje individual, sino de una responsabilidad social y comunitaria. La falta de libertad nos afecta a todos, incluso en los países que se consideran democráticos. La situación es alarmante y el mensaje franciscano de libertad a través del amor es más pertinente que nunca. 

El Año de San Francisco puede convertirse en una oportunidad para dar un paso adelante. Vivámoslo no solo con gestos externos, sino permitiendo que la luz del amor libre brille a través de actos de solidaridad y encuentros auténticos, especialmente con los pobres y marginados. 

Según algunos pensadores cristianos antiguos, la libertad es el sello de la imagen de Dios en nosotros. Por lo tanto, como ciudadanos y creyentes, no podemos eximirnos del compromiso de apoyar activamente, en todas sus formas, esa libertad que promueve la dignidad y el futuro de la persona humana.

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Ministro General
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Fr. Massimo Fusarelli En opinión de Fray Massimo
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