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En opinión de… Fray Massimo - Julio 2026

Donde el Evangelio sigue echando raíces

25 Julio 2026

A finales de junio, en medio de una ola de calor inusual en Holanda, me alojé en un antiguo convento capuchino. Hoy en día, esa casa alberga una fraternidad formada por Hermanos Menores, franciscanos seglares y otros consagrados, y está abierta también a la pequeña ciudad que la rodea. La vida cotidiana tiene la sencillez de las cosas que no necesitan hacer alarde de su vitalidad. Allí se reunieron los consejos provinciales de Holanda y Alemania para reflexionar sobre su futuro como Orden en esta parte de Europa.

Al entrar, esperaba sentir sobre todo el cansancio de una presencia que está disminuyendo. En cambio, me encontré con algo diferente. Nadie negaba las dificultades, pero tampoco encontré resignación. Vi una búsqueda espiritual viva y el deseo de discernir juntos. Más que defender lo que queda, esa fraternidad buscaba lo que puede surgir: imaginaba, por ejemplo, presencias internacionales centradas en lo esencial del carisma.

Al recordar esos días, me vinieron a la mente otras visitas recientes: monasterios de hermanas contemplativas en África y en América Latina, comunidades pequeñas y, a veces, a punto de cerrar, pero aún capaces de irradiar paz. Lugares muy diferentes entre sí, aunque unidos por la misma pregunta: ¿qué está haciendo hoy el Espíritu del Señor con el don recibido de san Francisco y santa Clara?

Es cierto; en muchas regiones de Occidente —y no solo allí— nuestra presencia está disminuyendo. Podemos verlo únicamente como un declive o reconocer en ello una transición. Al mismo tiempo, en otros lugares, la vida consagrada echa raíces autónomas y autóctonas por primera vez fuera de Europa, con vocaciones y responsabilidades locales. Es un movimiento que nos recuerda que el Evangelio no coincide con nuestras geografías ni con los modelos a los que nos hemos acostumbrado: donde se cierra una casa, en otro lugar toma forma una nueva fraternidad.

Cada vez estoy más convencido de que estamos llamados a pasar de la perspectiva de las obras y las cifras a la de los signos y la red: menos preocupados por conservar ciertos tipos de organización, más atentos a cuidar, en la fe, las relaciones evangélicas entre nosotros y con las mujeres y los hombres de nuestro tiempo. En una sociedad marcada por el agnosticismo y el analfabetismo religioso, una fraternidad sencilla y acogedora puede decir más que muchas obras, no porque cuente menos, sino porque hace visible lo esencial.

Este año celebramos el octavo centenario del Tránsito de san Francisco: su muerte. También entre nosotros, en muchas zonas de Occidente, comunidades y provincias enteras se enfrentan realmente al final. Se puede posponer con alguna estrategia de supervivencia o bien atravesarlo con fe. Al fin y al cabo, si no sabemos mirar a la muerte a la cara, ¿qué tenemos que decir al Señor de la vida?

Al salir de aquel antiguo convento, pensé que el futuro de la Orden se parecerá cada vez menos a la imagen que hemos recibido y conservado durante tanto tiempo. Y, si miramos con fe y sabiduría, sabremos reconocer lo que de verdad importa: el Evangelio sigue echando raíces.

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Ministro General
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Fr. Massimo Fusarelli En opinión de Fray Massimo
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