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En opinión de... Fray Massimo – Junio 2026

Cuando el Papa habla de algoritmos

27 Junio 2026

Confieso una sorpresa. Mientras esperaba Magnifica humanitas, la primera encíclica del papa León XIV publicada el 25 de mayo, no sabía muy bien qué esperar ni por qué se había elegido precisamente la inteligencia artificial. Al hojear las valientes y elocuentes páginas del texto, vi que León abre una perspectiva más amplia que solo la IA. No demoniza la tecnología ni la alaba con ingenuidad: recuerda que nunca es neutral, porque lleva el rostro de quien la concibe, la financia y la usa. Y lanza una invitación que se me ha quedado grabada: «desarmar» la IA y volver a poner al ser humano en el centro.

La mayor sorpresa, sin embargo, llegó después. He seguido las reacciones: no solo de teólogos y pastores, sino sobre todo de muchos laicos —investigadores, empresarios, figuras clave del mundo tecnológico, incluso no creyentes— dispuestos a enfrentarse al texto. En la presentación en el Vaticano, sentados junto al Papa, estaban precisamente algunos de ellos. Una escena que lo dice todo: el Evangelio, cuando aborda las preguntas de verdad, despierta la atención mucho más allá de nuestras fronteras.

Ciento treinta y cinco años después de Rerum novarum, León lleva a la Iglesia a la encrucijada de una nueva revolución, como hizo su predecesor ante la industrial. No solo está en juego una técnica, sino el sentido del trabajo, la calidad de las relaciones, la dignidad de la persona. Ante nosotros, escribe, hay una elección: construir otra Babel o la ciudad donde Dios y el hombre conviven. Seguir siendo críticos ante el paradigma tecnocrático en manos de unos pocos que parece imponerse y buscar el bien común para el desarrollo humano integral.

Me pregunto: «¿De qué manera afecta todo esto a nosotros, franciscanos del siglo XXI?». Ya no podemos pensar en la IA, y en todo lo que conlleva, como algo ajeno a nosotros. Ya estamos inmersos en ella: la usamos para escribir, traducir, estudiar, comunicarnos. Y aun así, ¿estamos seguros de que, mientras nuestras máquinas se vuelven más inteligentes, nuestra capacidad de escucharnos a nosotros mismos y a los demás está creciendo al mismo ritmo, y con ello nuestra mirada sobre la realidad, sobre todo lo que es humano?

Ahora comprendo aún mejor el valor de haber elegido la IA como uno de los temas del Capítulo general de 2027. No queremos quedarnos en el umbral, ni asustados ni fascinados. Queremos adentrarnos en esta nueva frontera con el Evangelio en las manos. Así, nos dejamos interrogar sobre lo que esta frontera puede custodiar de lo humano y sobre lo que puede poner en peligro —empezando por su uso en las guerras, que León denuncia sin rodeos.

Francisco no tuvo miedo de su época: cruzó fronteras que parecían infranqueables y salió al encuentro del otro sin armas. A nosotros hoy se nos pide un valor similar, no para rechazar lo nuevo, sino para orientarlo hacia el bien, la comunión y la paz. Me viene a la mente aquella sala del Vaticano, con tantos hombres y mujeres del mundo digital y científico sentados y escuchando. Si ellos aceptan dejarse interpelar por una encíclica, ¿por qué no nosotros? Atravesar este tiempo como creyentes, con los ojos abiertos y el corazón libre: esa es la audacia que nos pide el Año de Francisco.

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Ministro General
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Fr. Massimo Fusarelli En opinión de Fray Massimo
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