Contactos
 Volver a Noticias

En opinión de... Fray Massimo - Octubre 2025

En el 25° aniversario de la canonización de los mártires franciscanos en China

25 Octubre 2025

El 1 de octubre se conmemoró el 25º aniversario de la canonización de los 120 mártires chinos, frailes OFM, hermanas FMM y terciarios OFS. Entre cristianos chinos y misioneros extranjeros, todos ellos víctimas de la Revuelta de los Bóxers de 1900, aquí tenéis testimonios que trascienden culturas, lenguas y condiciones sociales, unidos por la fe común en Cristo.

La Rebelión de los Bóxers en 1900 fue una insurrección contra los extranjeros y contra el cristianismo. No obstante, de la persecución surgieron cristianos chinos de varias generaciones, catequistas y vírgenes consagradas que guiaban a las comunidades locales, familias enteras que prefirieron morir juntas antes que renegar a Cristo.

Junto a ellos, misioneros de diferentes nacionalidades: Hermanos Menores; Hermanas Franciscanas Misioneras de María, que compartieron hasta el final el destino de las comunidades a las que servían; terciarios franciscanos laicos, que dieron testimonio de la fe en el mundo del trabajo y de la familia.

La persecución de 1900 no hizo distinciones: cristianos chinos y misioneros extranjeros, jóvenes y ancianos, religiosos y laicos, todos unidos en derramar la sangre por la fe. Entre las figuras más significativas destacan obispos franciscanos como Gregorio Grassi y Fantosati, frailes como Cesidio da Fossa, asesinados en Shanxi junto con sus hermanos. Pero junto a los nombres ilustres brillan los testimonios silenciosos de cientos de cristianos chinos anónimos, que prefirieron la muerte a la apostasía.

Entre estos testigos, estaba San Antonino Fantosati (1842-1900), un misionero que supo cómo convertirse verdaderamente en chino. Nacido en Trevi, abandonó Italia en 1867. Al llegar a China, se distinguió por su capacidad de adaptarse a todo y a todos. En las montañas de Hubei acompañó a las poblaciones nómadas más pobres, compartiendo su precariedad. Aprendió el dialecto local, vistió ropas chinas e incluso cambió de nombre. Su mirada siempre se centraba en los más desfavorecidos: niños abandonados, familias hambrientas, nómadas en busca de tierras fértiles.

Nombrado obispo, Fantosati se encontró ante el mayor desafío: ser pastor sin traicionar su vocación franciscana. Las tensiones no tardaron en aparecer. La comunidad cristiana local, acostumbrada a los privilegios y los compromisos, soportaba mal su rigor evangélico.
El santo obispo rechazó el sistema clientelar que permitía especular con los fondos destinados a los huérfanos. Prefirió ser acusado de mezquindad antes que traicionar la justicia: sabía que la verdadera gloria de Dios es la justicia para los pobres.
El 7 de julio de 1900, las revueltas populares también lo alcanzaron. Su martirio fue la culminación de una vida dedicada a la verdad del Evangelio: había elegido a Cristo en los pobres, rechazando cualquier compromiso con el poder.
Sus últimas palabras resuenan proféticas: “No fuimos expulsados por los gentiles, sino por nuestros propios fieles”. Una confesión que interroga a cada generación cristiana sobre la traición más sutil: la de quienes utilizan la fe para sus propios intereses.

Todavía hoy, los 120 mártires chinos nos ofrecen un testimonio que traspasa todas las barreras culturales. Su santidad no reside en los milagros, sino en la fidelidad cotidiana al Evangelio de la justicia y el amor.
Estos mártires nos recuerdan que ser cristiano significa optar por estar siempre del lado de Cristo, aun cuando tenga por costo la incomprensión, la persecución, la muerte.

La respuesta que el dio, fue el martirio. ¿Cuál será la nuestra?[

Categorie
Ministro General
Tags
Fr. Massimo Fusarelli En opinión de Fray Massimo
También te puede interesar: