El 1 de febrero en la Basílica de San Pedro se celebraron las primeras vísperas de la Fiesta de la Presentación del Señor, Jornada Mundial de la Vida Consagrada en el marco del Jubileo de la Esperanza. Las vísperas fueron presididas por el Papa Francisco que se dirigió a los consagrados diciendo: «en un contexto litúrgico caracterizado por el símbolo de la luz. Y todos ustedes, hermanas y hermanos, que escogieron el camino de los consejos evangélicos, se han consagrado, como “Esposa ante el Esposo […] envuelta por su luz”»
El Santo Padre continuó su homilía reflexionando sobre los votos religiosos como tres aspectos que ayudan a ser portadores de "luz" para el mundo actual.
Sobre la pobreza, explicó que tiene "sus raíces en la vida misma de Dios, eterno y total don recíproco del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", enfatizando que la persona consagrada debe ser "portadora de bendición" a través del uso libre y generoso de todas las cosas.
Al abordar la castidad, el Pontífice advirtió sobre los desafíos en "un mundo frecuentemente marcado por formas distorsionadas de afectividad", donde prevalece "el principio de 'lo que a mí me gusta'". El Papa destacó que la castidad consagrada ofrece "un camino de sanación del mal del aislamiento, en el ejercicio de una manera de amar libre y liberadora".
La obediencia la presentó como un "antídoto" al individualismo solitario, señalando la importancia de "escucharnos antes de responder" y de "acoger la palabra del otro como un mensaje, como un tesoro".
El Santo Padre concluyó enfatizando la importancia del "regreso a los orígenes", no "como quien vuelve a un museo", sino como un retorno a Cristo, recordando que "hemos perdido un poco el sentido de la adoración" y que la renovación se realiza "ante el Sagrario, en adoración".
El 2 de febrero, en la Iglesia Santa María Mediadora, los frailes de la curia general celebraron la Fiesta de la Presentación del Señor por medio de una Eucaristía presidida por Fr. Massimo Fusarelli. La celebración inició con la bendición de la luz, en donde el Ministro general recordando que estamos celebrando el Jubileo, invitó a ser hombres de espera y esperanza. Durante la homilía, al hablar sobre la figura de Simeón, señaló que este tiene el Espíritu Santo sobre él: "Así, Simeón es signo del resto de Israel fiel que camina en búsqueda del Señor". También invitó a los presentes a que, al igual que Simeón, esperen la consolación del Señor. Al final de su homilía, felicitó a los frailes y religiosas presentes, así como a todos los religiosos y personas que han consagrado su vida al servicio del Señor.