El 7 de febrero tuvo lugar en la Domus Pacis de Asís el segundo encuentro de la serie “Francesco ha gli occhi tuoi” (Francisco tiene tus ojos), que ofreció una reinterpretación del encuentro entre Francisco y el sultán, a la luz de las heridas contemporáneas en Medio Oriente. Un largo aplauso sancionó la conclusión de la segunda cita, celebrada en el Auditorio de la Domus Pacis, que transformó el espacio en un cenáculo de reflexión teológica y civil, confirmando y superando el éxito del debut en enero.
Bajo la dirección de Sor Mary Melone SFA, Superiora General de las Hermanas Franciscanas Angelinas, dos voces animaron el debate: Su Excelencia Mons. Paolo Martinelli, Vicario Apostólico de Arabia Meridional, y Su Eminencia el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén. El primero ofreció la perspectiva histórica del encuentro en Damieta, mientras que el segundo actualizó el carisma franciscano en el corazón herido de Oriente Medio.
El encuentro entre San Francisco y el sultán Malek al-Kamil no fue un acto de proselitismo agresivo, sino un testimonio basado en el valor de la alteridad. Como se recordó durante el debate, “San Francisco tuvo el valor de la diferencia y el valor de expresar su fe sin pretender controlar el resultado del testimonio”. Según Mons. Martinelli, la misión entre los no cristianos no es una conquista, sino una forma de “minoridad”. Estar sometido a toda criatura significa dar testimonio de la propia fe a través de un amor humilde que acepta al otro sin pretensiones de poder. El ejemplo de las hermanas en Yemen que decidieron quedarse a pesar de las amenazas —”si la Eucaristía permanece, no necesitamos nada más”— demuestra que el testimonio es “una cualidad de la vida de fe y no una opción”.
El cardenal Pizzaballa centró su atención en la realidad de Tierra Santa, donde el odio es a menudo el resultado de “años de enseñanza del desprecio y el miedo al otro”. El cardenal subrayó que la Iglesia no puede ser neutral, ya que la neutralidad “puede convertirse en complicidad”. Reiteró la decisión de permanecer físicamente junto a las comunidades afectadas, explicando que la rígida identidad de los radicales se basa en el miedo, mientras que “la identidad fuerte no teme al encuentro” porque es consciente de que “el otro nos pertenece”.
El evento reafirmó el valor de la fraternidad, no como un concepto abstracto, sino como “un trabajo en red arduo que no debe temer a los fracasos”. La perspectiva futura no apunta a una religión universal, sino a la construcción de espacios donde las diferentes creencias colaboren por el bien común de la humanidad. La paz no es un sentimiento, sino un trabajo arduo que requiere la responsabilidad compartida de las instituciones y la sociedad civil. Construir puentes hoy en día significa convivir con el conflicto sin dejarse asimilar por la lógica del odio.
El encuentro concluyó en la Porciúncula, con un homenaje en silencio y oración ante la Capilla del Tránsito, donde el cardenal Pizzaballa presidió las vísperas.
La próxima reunión, prevista para el 7 de marzo, estará dedicada al tema “Francisco y sus hermanos” y contará con la participación de Giovanni Grado Merlo, profesor emérito de la Universidad Estatal de Milán; Fr. Massimo Fusarelli, Ministro general de la Orden de los Hermanos Menores; y Fr. Georges Massinelli, profesor de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad Antonianum, en calidad de moderador.
Fuente y fotografías: assisiofm.it