Volver a Noticias

La relación profunda con Dios es nuestra posibilidad de vida | Homilía del Ministro general en Amatrice

03 Julio 2017
  Abraham es nuestro padre en la fe. Abraham es un modelo, un ejemplo de confianza en el Señor, que se nos ha propuesto y repropuesto muchas veces. Y en el trozo que hemos escuchado hoy, no sé si ustedes han escuchado, de Abraham se eleva al Señor un grito, casi un alarido, dictado por el sufrimiento. “¿Señor, qué me vas a dar? Me voy  sin hijos y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco”. Y Abraham no se contenta con decirlo, sino que lo repite inmediatamente una segunda vez: Prosiguió Abraham: “Mira, a mí no me has dado descendencia y un sirviente será mi heredero”. Pero a pesar de este dolor, gritado de cara al Señor, Abraham sigue creyendo y confiando en Dios. Los resultados son desalentadores: no tiene descendientes directos. Frente a la crisis que vive, frente a las crisis, a las dificultades, a los lutos, a los sufrimientos que vive cada uno de nosotros, Dios renueva para Abraham y para cada uno de nosotros la promesa de una relación. “No temas, Abraham. Yo soy tu escudo”. No importa qué es lo que Dios dará sino lo que Dios será, o mejor lo que ya es para él. Este es el corazón de la promesa: la relación. No importa lo que Dios nos da, sino lo que Dios es para nosotros. Mejor dicho, Dios no sólo es para nosotros, sino que también está con nosotros y sobre todo está en nosotros. Esta relación intensa y profunda con Dios es nuestra posibilidad de vida. Arraigándonos en esta relación podemos confiar y seguir creyendo y por tanto viviendo contra todas las apariencias: de esta relación nuestra vida sacará bondad, podrá proseguir y producirá buenos frutos. San Ireneo, Obispo de Lion, a quien hoy recordamos como testigo de la fe hasta derramar su sangre, dijo: “El hombre viviente es la gloria de Dios y la vida del hombre es la visión de Dios”. Ver a Dios, sin necesariamente tener visiones, es decir, descubrirlo en nuestra vida, ver, constatar su actuación para con nosotros, con nosotros, en nosotros y alrededor de nosotros, experimentar su amor tangible, su misericordia concreta y su fidelidad incansable, todo esto es la verdadera y única posibilidad de vida para nosotros.

Señor, concédenos cuidar y crecer en la relación contigo.

Sostén nuestra confianza en tu presencia operante en medio de nosotros

 y danos, arraigados en el amor, producir buenos frutos.

Amatrice, Italia, 28 de junio de 2017

Categorie
Cartas y homilías
También te puede interesar: