La jornada del lunes 6 de julio del Capítulo de las Esteras Under Ten OFM acompañó a los frailes en un itinerario de escucha, discernimiento y memoria viva en los lugares franciscanos. Después de la oración de Laudes y la lectio divina sobre el tema "Todos ustedes son hermanos. La identidad franciscana", los participantes vivieron un tiempo de reflexión personal, de diálogo sobre las dificultades, las esperanzas y los desafíos de los frailes Under Ten según la encuesta de 2026 y las síntesis de los precapítulos, y una conversación espiritual en grupos orientada a leer la propia vocación a la luz de la fraternidad.
La reflexión de la mañana, confiada a Fr. Giuseppe Buffon, volvió a poner en el centro el corazón de la identidad franciscana a partir de las palabras evangélicas: "Todos ustedes son hermanos". El ponente recordó que, para Francisco, la fraternidad no es un simple ideal comunitario, sino la forma concreta de la vida evangélica: un camino sin carrerismo, sin pretensiones de superioridad, siempre abierto al aprendizaje y a la conversión. También la minoridad —subrayó— no es una categoría estática, sino una relación que se vive cada día.
Fr. Buffon indicó además en la fraternidad una fuerza capaz de atravesar la historia y de hablar también a los desafíos de hoy. Ser frailes menores significa estar con los demás, no solo hacer algo por los demás; significa custodiar relaciones verdaderas, cercanas y recíprocas, porque la fraternidad no es una idea abstracta, sino una mediación concreta de humanidad y de Evangelio. Posteriormente se continúo con la reflexión en grupos.
Por la tarde, los frailes se pusieron en camino hacia diversos lugares franciscanos: la Porciúncula, San Damián y el Eremo de las Cárceles. Cada grupo lingüístico vivió un recorrido propio, con reflexiones, diálogo, visita guiada, oración personal, Eucaristía y Vísperas. En esta peregrinación, los lugares no fueron simplemente memoria del pasado, sino espacios de escucha para reconocer hoy la forma de la vocación franciscana.
El grupo de lengua inglesa visitó la Porciúncula con el tema "La Pascua de san Francisco de Asís". En el lugar que custodia el origen de la fraternidad, la meditación invitó a leer juntos el nacimiento y el tránsito de Francisco: la Porciúncula es a la vez cuna de la Orden y lugar de su paso pascual. Aquí Francisco nació espiritualmente, aquí acogió su vocación evangélica y aquí, en la noche del 3 de octubre de 1226, entregó su vida al Señor.
La reflexión, guiada por el Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli, puso de relieve la lógica del don. Como Jesús, que "amó a los suyos hasta el final", también Francisco, al acercarse a la muerte, no se encierra en el miedo, sino que reparte el pan a los hermanos. Su Pascua no es el final de una historia, sino el cumplimiento de una vida entregada. "Tengan ánimo, hermanos: para mí será el puerto de la vida", recordaba Francisco a sus frailes. De aquí nace una palabra de esperanza para los jóvenes frailes: la última palabra no es la muerte; la última palabra es el don.
En la Porciúncula, los frailes pudieron contemplar también el rostro mariano de la vocación: Santa María de los Ángeles se convierte en modelo de una vida que recibe para dar, que acoge la Palabra y la deja hacerse carne en la historia. En el contexto del Jubileo franciscano, este lugar se presenta una vez más como espacio de perdón, reconciliación y renovación, donde cada uno puede reencontrar el centro de su llamada.
El diálogo posterior a la meditación abordó algunos desafíos concretos de la Orden: el descenso de las vocaciones, la necesidad de una colaboración interprovincial más fuerte, la posibilidad de nuevas fraternidades internacionales, la urgencia de una formación más profunda sobre la identidad franciscana de los hermanos laicos y el riesgo de una mentalidad clerical que empobrece la vocación a la fraternidad. En medio de estas preguntas resonó el testimonio de Fr. Joaquin Echeverry, con cincuenta años de vida religiosa, quien recordó con sencillez: "Somos todos hermanos, no hay distinción".
La jornada concluyó con la cena junto a la fraternidad de Santa María de los Ángeles y un tiempo de recreación. Después de un día intenso, marcado por la Palabra, la memoria de los lugares y el diálogo fraterno, los frailes Under Ten se llevaron una convicción renovada: la identidad franciscana no se custodia repitiendo fórmulas, sino viviendo relaciones evangélicas. Desde Asís, la fraternidad continúa hablando como promesa y tarea, para que el mundo pueda reconocer en los Hermanos Menores a hombres llamados a ser hermanos de todos.
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