Después que la fama del santo varón, que ningún golpe logra dominar, llenó el campamento [...], el rey clemente, que admiraba un valor tan grande, lo acogió con todos los honores y le ofreció dones preciosos; aquél, satisfecho de lo que posee, rechaza los dones del rey y le pide como supremo regalo, que le conceda ser escuchado. El rey, decidido a escucharlo, impone silencio a la turba y hace cesar todo el desorden. Y dijo a los siervos: “Llámenme a los filósofos, para que por su juicio quede claro si éste enseña según la fe o pretende más bien extraviar la fe”.
Por tanto, después que fueron reunidos los sabios, aquel sabio muestra con la palabra de qué fuente ha bebido la sabiduría de los filósofos y arrastra todas las mentes a las alturas celestiales, tejió discursos nunca escuchados y parece no ignorar nada, como trascendiendo el sentir humano. En efecto, silogiza cosas conocidas a pocos mortales y los orígenes de las cosas solo conocidas a Dios, para introducir, a partir de éstas, consideraciones sobre la causa primera, [...] y prueba que hay un solo Dios y no existe una multitud de dioses; demuestra cómo de aquel único se deriva todo, cual fue la duración del primer principio, substancia simple, simple intervalo de un instante, substancia más simple que un punto; cuán admirablemente tal esencia está toda en todas partes y prescindiendo del lugar, siempre presente sin tiempo. Porque montó en soberbia y como aquel que un tiempo fue Lucifer es ahora “lucífero”, y qué gran precio costó la redención del mundo, por qué motivos se dio la encarnación; cómo la antigua serpiente conquistó a Eva, Eva al primer hombre, el primer hombre a la posteridad, la posteridad Cristo, Cristo a la serpiente, forzando a la muerte a volver a aquel mismo de donde había partido; cómo no solo fue glorificada la carne, sino que también la misma carne llena de vida de Cristo, que glorifica a las demás, superando las dotes del alma, está junto y al mismo tiempo por todas partes toda presente en las diversas iglesias, y como Cristo reúne en una sola Iglesia a todos los santos; cómo el Bautismo es un baño espiritual que purifica a las almas de la culpa del primer padre.
Mientras así enseña los artículos de la fe con elocuencia, impresiona a los sabios y al rey y ninguno se atreve a hacerle daño; así en efecto se ordena por medio de pregón del heraldo. Va y vuelve a menudo, pero porque no es capaz de convertir él solo.
Fuente: www.assisiofm.it