Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 28 de noviembre de 2024
A los hermanos de Siria y Líbano
Y p.c. al Custodio de Tierra Santa
Queridos hermanos,
¡Que el Señor les dé la paz!
Mientras estoy en Bolivia visitando a los frailes, he leído las tristes noticias que llegan de sus tierras tan martirizadas, particularmente hoy de Alepo.
Renuevo la palabra de paz de San Francisco, incluso en un momento en que no es fácil utilizar este término. Al fin y al cabo, sabemos que en la Sagrada Escritura la paz es un don de Dios y sigue siendo siempre un bien precioso y, al mismo tiempo, muy frágil. En última instancia, sigue siendo un don escatológico, del que hoy sólo podemos conocer un anticipo, junto con el grito y la esperanza.
Después de haber visitado el año pasado sus tierras, siento aún más fuertemente la herida que abre de nuevo la guerra. Pienso primero en ustedes, amados hermanos, y les ruego que tengan el mayor cuidado posible, pues nunca hay que subestimar el estrés y el trauma de estos momentos.
Pienso en su gente y en los fieles, desde los adultos hasta los jóvenes y los pequeños. Recuerdo la vivacidad y la esperanza, junto con las luchas ante un futuro que parece demasiado incierto.
Me uno a ustedes en la oración y el afecto, rogándoles que me mantengan informado. Sigamos intercediendo por la paz, encomendándonos a la intercesión de la Virgen Inmaculada y de los Santos Mártires de Damasco, para que la esperanza y la fortaleza no se apaguen para atravesar ni siquiera esta noche oscura.
Con la Bendición de San Francisco, les saludo y abrazo lleno de viva fraternidad.
Fr. Massimo Fusarelli, OFM
Ministro general y servidor
(Foto de archivo)