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Pascua por las víctimas del terremoto en Siria y Turquía

Los frailes franciscanos en medio de la gente

15 Abril 2023

El 6 de febrero un devastador terremoto sacudió el sur de Turquía y el norte de la República Árabe de Siria, en el que más de 50.000 personas perdieron la vida y más de 100.000 resultaron heridas. Miles de familias siguen viviendo en refugios provisionales y luchando por conseguir alimentos y otros artículos de primera necesidad. 

Dos meses después, las continuas réplicas están impidiendo que incluso las personas cuyas casas no resultaron dañadas por el terremoto puedan regresar a sus hogares, lo que aumenta el número de desplazados. Esto agrava aún más las necesidades de las comunidades afectadas, que necesitan urgentemente refugio y asistencia.

En esta Pascua 2023 verdaderamente ha sido especial para las dos fraternidades de Turquía (la de Estambul y la de Bornova, en Izmir). Los hermanos pusieron el convento y otras viviendas a disposición para recibir a la gente”, dice Fr. Adrián Eloza, misionero en Turquía, que continúa “En una situación de tal índole sucede que todo deja de funcionar: primero la electricidad, luego internet, las comunicaciones, después el gas y el agua. Ahora tenemos que trabajar en la reconstrucción, en todos los sentidos. Este año hemos celebrado la Pascua en comunión con el Ministro General. Las dos fraternidades están a cargo de varias parroquias, con realidades más o menos parecidas: con los turcos, sobre todo en Esmirna, donde hay un buen trabajo con los catecúmenos, los levantinos (italianos, franceses, ingleses, etc.), mucha gente de África, Filipinas, Sudamérica. Nuestras comunidades son pequeñas realidades a las que acompañamos en su estancia y crecimiento en la fe. Nuestros días suelen estar marcados por este trabajo, junto con la vida comunitaria: la oración en común, la Eucaristía y la vida en fraternidad. Este año, el tiempo de Pascua coincide en unos días con el Ramadán. Organizamos un iftar (la cena que rompe el ayuno) con amigos musulmanes con los que compartimos nuestra vida en Turquía. Cuando pensamos en el diálogo, pensamos también en estas pequeñas cosas cotidianas que nos acercan”.

El hermano Bahjat Karakachen Siria, añade: “Hay un sentimiento de desesperación y miedo, desgraciadamente después del terremoto oigo hablar de emigración, la gente piensa en encontrar otro lugar donde ir y sobrevivir. Vivimos las fiestas de Pascua con un espíritu de esperanza, pero nos desaniman estos deseos de huir de la población. En todo esto hemos experimentado la resurrección”.

La diáspora siria sigue siendo un fenómeno muy doloroso. Desde 2011, después de diez años de crisis humanitaria en Siria y desde el comienzo de la guerra, 6 millones de sirios han huido al extranjero y 7 millones son desplazados internos. El pueblo sirio vive en una crisis humanitaria desde hace diez años.

La respuesta de los frailes franciscanos 
En Alepo (Siria), el párroco franciscano de la parroquia latina, Fr. Bahjat Karakach, nos cuenta: “Inmediatamente después del terremoto, anunciamos que acogeríamos a gente en nuestra iglesia y les daríamos cobijo del frío y la lluvia, y lo mismo hicieron muchas otras iglesias”. 

En Alepo, las estructuras cristianas están en la primera línea de ayuda a los desplazados: “Tenemos tres conventos en la ciudad, concluye Fr. Bahjat, y los tres albergan desplazados según su capacidad: en nuestro convento parroquial, al centro de la ciudad, recibimos a unas 500 personas; en el colegio Tierra Santa, ubicado en la periferia, unas 2.000, disponiendo también de espacios al aire libre, mientras que la iglesia filial aloja a unas cincuenta personas. Servimos tres comidas al día. Nadie quiere volver a casa, porque la gente tiene miedo de otros temblores más fuertes. Las temperaturas siguen bajando, incluso por debajo de cero; por eso nos aseguramos de mantener los lugares calientes para los niños”.

También en Siria, Fr. Hanna Jallouf, franciscano sirio de la Custodia de Tierra Santa, atiende junto con otro fraile a los pueblos del valle del Orontes Knayeh, Yacoubieh y Gidaideh, en la zona de Idlib, al norte de Siria. “Antes de la guerra del 2011, los cristianos éramos 10.000 en estos tres pueblos, después de la guerra sólo 210 familias. Todos han huido, sólo nosotros, dos frailes franciscanos, nos hemos quedado para servir a esta gente porque estamos convencidos de que es una tierra bendita por donde pasó San Pablo. Estamos a 43 km de Antioquía y a 6 km de la frontera turca. Las facciones rebeldes pasaron por esta zona y se apoderaron de muchos bienes, tierras y casas hasta el 2018. Después devolvieron las tierras de los monasterios y poco a poco están devolviendo las tierras de la gente. Estamos bajo el control de la sharia islámica”. Párroco en Knaye, el padre Hanna fue secuestrado la noche del 5 de octubre de 2014 en Siria por el Frente al Nusra, vinculado a Al Qaeda, junto con 16 feligreses y liberado a los pocos días. “El 6 de febrero, el terremoto causó grandes daños, el 80% de las casas de nuestros fieles están en el suelo, y todo lo demás dañado y saqueado, y nuestra iglesia está fuera de servicio, medio destruida. No hubo ni un solo herido entre los cristianos, como mucho un par, pero sí muchos muertos entre los no cristianos. Lo considero un milagro. Hoy estamos retirando todos los escombros y queremos devolver la vida a estos tres pueblos. Nuestros fieles están en tiendas de campaña en nuestros conventos, a pesar de los 11 años de guerra. Nos hemos quedado aquí para servirles, para sufrir con ellos, para darles un trozo de pan, viviendo como los demás”.

En Turquía, el terremoto causó grandes daños y conmocionó a la población. El sismo afectó aquí a varias ciudades, especialmente Kahramanmaraş, Gaziantep, y a lugares donde la Iglesia católica está presente desde hace muchos años: Antioquía (esa famosa Antioquía del Orontes también llamada Antioquía de Siria) y Alejandreta (en turco: İskenderun). Esta última es la sede del Vicariato Apostólico de Anatolia. Todo el país se movilizó para colaborar y ayudar en esta catástrofe sin precedentes en los últimos cien años. 

La propuesta franciscana de ayuda y apoyo a las comunidades afectadas por el terremoto
Poco más de dos meses después del catastrófico suceso, la Orden Franciscana está a la escucha de las necesidades de la población local, gracias a los frailes franciscanos presentes en estos territorios, para luego poner en marcha los necesarios programas de ayuda a largo y mediano plazo. “Sigo expresando, en nombre del Definitorio general y de toda la Orden de los Hermanos Menores, la cercanía de los franciscanos a las poblaciones siniestradas, a las familias, a los que se han quedado sin hogar y recuerdo a las víctimas en la oración”, dijo el Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli, quien concluyó “Invito a todos a apoyar los programas y las obras de la familia franciscana en Turquía y Siria, a través de la Fondazione OFM Fraternitas OFM. Que el Señor Todopoderoso y Misericordioso tenga piedad de todos y los guarde a todos en su amor”.

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