“Para ti, China, será Italia” Así es como el card. Colloredo responde a Fr. Leonardo, quien pedía al purpurado de Santa María en Trastevere, Roma, ser enviado como misionero en China. De esa manera Italia fue la tierra de misión para el fraile.
Leonardo, en el siglo Paolo Girolamo Casanova, nació el 20 de diciembre de 1676 en Porto Mauricio (hoy, forma junto con Oneglia la actual Imperia). De joven abandonó Liguria para irse a estudiar a Roma, en el Colegio Romano; cautivado por la austeridad de vida que llevaban dos frailes del retiro de San Buenaventura en el Palatino, a los 21 años ingresó en la Orden de los Frailes Menores, en el convento de Santa María in Ponticelli.
Su deseo inicial de ir como misionero en China se contrapuso con sus estudios (Teología en San Buenaventura), las responsabilidades confiadas (profesor de filosofía en el Retiro romano) y finalmente con su estado de salud: enfermo de tuberculosis, se encomendó a la Virgen María, y fue curado.
Ante la respuesta del cardenal Colloredo, Leonardo se dio cuenta que, en Italia, a principios del siglo XVIII, había una nueva misión: durante más de 40 años, desde 1708 hasta su muerte, el fraile empleó todas sus fuerzas en la predicación entre la gente, desde el Reino de Nápoles hasta la República de Génova, desde el Gran Ducado de Toscana hasta los propios Estados Pontificios, llegando incluso hasta Córcega.
San Alfonso María de' Ligorio escribió de él: “Es el mayor misionero de nuestro siglo”; el Papa Benedicto XIV lo presentó como el “gran cazador del cielo”; el padre Agostino Gemelli, en su libro El franciscanismo, habla también de la labor misionera y evangelizadora de San Leonardo de Porto Mauricio.
Él fue quien concibió y difundió la práctica del Vía Crucis. Las multitudes acudían en masa a escucharle: evitaba hacer coincidir sus misiones con periodos de especial ocupación para los campesinos o épocas ajetreadas del año litúrgico; acudía con antelación al lugar de la misión para conocer mejor sus peculiaridades y adaptar su predicación; cuidaba su preparación espiritual, para poder transmitir el amor que sentía por Dios; trataba temas concretos y cercanos a la gente.
Respondiendo a la petición del Pontífice, aceptó la tarea de preparar a los fieles para el Año Santo de 1750. Con ese motivo erigió por primera vez el Vía Crucis en el Coliseo, salvando así eficazmente el monumento que había sido abandonado a la decadencia y era considerado únicamente como una cantera de piedra.
Leonardo murió la noche del 25 de noviembre de 1751 en San Buenaventura al Palatino. Fue beatificado por el papa Pío VI el 19 de marzo de 1796 y canonizado el 29 de junio de 1867 por Pío IX.
Cf. Frati Minori Santi e Beati (Hermanos Menores Santos y Beatos), a cura di Fr. Silvano Bracci, OFM e Sr. Antonietta Pozzebon, FMSC. Editrice Velar, 2009, pp. 329-333.