La historia de los ocho hermanos del convento de Damasco, masacrados en 1860 por los drusos, es una de las páginas más brillantes escritas por los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa en los más de 700 años de su presencia en aquellas tierras. Junto a ellos fueron canonizados tres cristianos maronitas laicos, que colaboraban con ellos.
En julio de 1860, la persecución contra los cristianos ejercida por los drusos chiíes en el Líbano se extendió también a Siria. El 9 de julio, el poblado barrio cristiano de Damasco sufrió una matanza y cristianos de diversas confesiones y ritos sufrieron todo tipo de violencias. Esa misma noche, el convento franciscano de San Pablo también fue atacado. Los ocho religiosos que vivían allí -siete de nacionalidad española y uno de nacionalidad austriaca-, junto con tres colaboradores laicos maronitas que se habían refugiado en el convento, fueron masacrados por negarse a renunciar a la fe cristiana y abrazar el Islam. Los cuerpos de los mártires, recuperados misericordiosamente pocos días después de la masacre, fueron enterrados en una tumba común que, con la reconstrucción y consagración de la iglesia conventual en 1866, se convirtió en lugar de devoción para los cristianos de Damasco.
En 1872, la Orden de los Hermanos Menores inició el proceso de beatificación de Manuel Ruiz y sus siete hermanos. Mediante un procedimiento especial autorizado por Pío XI a petición del Patriarcado Maronita, poco antes de la beatificación se añadieron al grupo de los Hermanos Menores también los nombres de los tres hermanos Massabki, colaboradores de los religiosos. La ceremonia se celebró solemnemente en la basílica de San Pedro, en el Vaticano, el 10 de octubre de 1926, 700 años después de la muerte de San Francisco. El 20 de octubre de 2024, en el marco del octavo centenario de los últimos años de vida del santo de Asís, fueron canonizados.
Fr. Manuel Ruiz López, superior del convento, nacido en 1804 en San Martín de las Ollas, Burgos, España. Ingresó en los Hermanos Menores en 1825 y fue ordenado sacerdote en 1830. Al año siguiente fue enviado a Tierra Santa, donde, tras aprender las lenguas locales, ejerció un fecundo apostolado. Obligado a regresar a Europa en 1847 por motivos de salud. Regresó a Tierra Santa en 1858. La noche de la matanza, en cuanto los alborotadores entraron en el convento, corrió a la iglesia para consumir las Especies Eucarísticas, siendo asesinado a los pies del altar.
Fr. Carmelo Bolta Bañuls, párroco, nacido en 1803 en Real de Gandía, Valencia, España. En 1825 ingresó en los Hermanos Menores y fue ordenado sacerdote en 1829. En 1831 marchó a Tierra Santa, donde residió en los conventos de Jaffa, Damasco y Ain Karem, en el Santuario de la Visitación. En 1851 fue trasladado a Damasco como párroco y profesor de árabe.
Fr. Engelbert Kolland, vicario parroquial, nacido en 1827 en Ramsau, Salzburgo, Austria. Ingresó en los Hermanos Menores en 1847 y fue ordenado sacerdote en 1851. Llegó a Tierra Santa en abril de 1855. Ejerció su apostolado misionero primero en el convento del Santo Sepulcro, luego en Damasco como vicario parroquial, donde fue muy querido por la población.
Fr. Nicanor Ascanio Soria nació en 1814 en Villarejo de Salvanés, Madrid, España. En 1830 ingresó en los Hermanos Menores. Debido a la supresión religiosa fue ordenado sacerdote en el clero diocesano. Con la reapertura del Colegio de las Misiones en Priego de Cuenca pudo reingresar en los Hermanos Menores en 1858. Llegó a Tierra Santa en febrero de 1859 y fue destinado al convento de Damasco. La disposición al martirio fue una nota constante de su espiritualidad.
Fr. Nicolás María Alberca Torres nació en 1830 en Aguilar de la Frontera, Córdoba, España. Había sido religioso entre los Hermanos del Hospital Jesús Nazareno de Córdoba, fue recibido en los Hermanos Menores en 1856 y ordenado sacerdote en 1858. Llamado a la vida misionera, llegó a Tierra Santa en 1859 y fue destinado al convento de Damasco para aprender árabe.
Fr. Pedro Nolasco Soler Méndez nació en 1827 en Lorca, Murcia, España. Tras una experiencia laboral, fue recibido en los Hermanos Menores a la edad de veintinueve años, en 1856, y ordenado sacerdote en 1857. Al año siguiente solicitó la misión de la Custodia de Tierra Santa, lugar al que llegó el 20 de febrero de 1859. Destinado al convento de San Pablo en Damasco, pasó allí poco más de un año.
Fr. Francisco Pinazo Peñalver nació en 1802 en la aldea de El Chopo en Alpuente, Valencia, España. Ingresó en el noviciado de los Hermanos Menores en 1831. Como hermano lego desempeñó el oficio de sacristán hasta 1835, año de la supresión religiosa en España. Para reincorporarse a la vida comunitaria, optó por el servicio en la Custodia de Tierra Santa, adonde llegó en octubre de 1843. Durante unos 17 años trabajó como cocinero y sastre en varios conventos. En el convento de Damasco ejercía de sacristán en el momento de su martirio.
Fr. Juan Jacob Fernández nació hacia el 1808 en Moire, Ourense, España. En 1831 ingresó en los Hermanos Menores como hermano lego. Desgraciadamente, la supresión de 1835 interrumpió su experiencia de vida conventual durante algunos años. En 1858 pidió asociarse a la Custodia de Tierra Santa. En 1859 estuvo en el convento de Damasco como cocinero.
Francisco Massabki, cristiano maronita y comerciante de seda, era muy conocido en Damasco y estimado como hombre bueno y piadoso. Casado y padre de ocho hijos, dio ejemplo de gran generosidad en todas partes, especialmente con los pobres y necesitados. Estaba ligado a los frailes franciscanos para los cuales fungía como procurador. Junto con sus hermanos Mooti y Rafael, se encontraba en el convento de San Pablo a la hora de su martirio.
Mooti Massabki, vivía con su mujer y sus cinco hijos en la misma casa que su hermano mayor Francisco. Acudía diariamente al convento de San Pablo, tanto para rezar como para dar clases en la escuela local de niños. Dispuesto a derramar su sangre por Cristo, como enseñaba en las clases de catecismo, no dudaba en ofrecer su vida en nombre de la fe. Sus dos hijos, Naame y Joseph, eran entonces alumnos de la escuela del convento y fueron testigos presenciales del martirio.
Rafael Massabki, hermano menor de Francisco y Mooti, soltero, prestó de buen grado su ayuda a su familia y a los frailes; era muy devoto de Nuestra Señora y permanecía largo tiempo en oración en la iglesia del convento. Todavía estaba presente entre los muros conventuales de San Pablo la noche del 9 al 10 de julio de 1860, cuando irrumpieron los drusos, que lo mataron junto con sus dos hermanos.