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Siria, el regreso de los cristianos a Ghassanieh

Un acontecimiento de extraordinaria importancia humana, eclesial y franciscana

12 Noviembre 2025

El sábado 8 de noviembre de 2025, una inmensa multitud se reunió en la aldea siria de Ghassanieh, al oeste de Siria, en el valle del Orontes. Al son de bocinas y tambores, dieron la bienvenida al obispo latino de Siria, Mons. Hanna Jallouf OFM, al obispo greco-ortodoxo de Latakia, Mons. Athanasius Fahed, y al presidente del Sínodo Evangélico de Siria y Líbano, el pastor Ibrahim Nuseir. Junto a ellos, una decena de frailes de la Custodia de Tierra Santa [Entidad a la cual dependen las presencias en Siria] llegaron de los pueblos vecinos y de Alepo, Latakia y Damasco, entre ellos Fr. Firas Lutfi, el último fraile que se quedó en el pueblo y que recuerda el asesinato del padre François Mourad el 23 de junio de 2013, a manos de los yihadistas, la huida de los cristianos y, por tanto, la de los frailes y las monjas del Rosario, y los posteriores bombardeos que devastaron todo el pueblo.

Así se comprende mejor el júbilo que envuelve a la multitud en este aniversario del regreso al pueblo. Entre las ruinas, la procesión ecuménica se desplazó de iglesia en iglesia para bendecir los lugares y a los fieles, como queriendo exorcizar el mal y las múltiples profanaciones cometidas aquí. El Padrenuestro se proclama con fervor: “Ya no hay griegos, latinos o protestantes; somos un solo pueblo, hemos sufrido el mismo dolor”, testimonia Gisèle, con su hija menor en brazos.

El ritmo de los tambores se hace más insistente a medida que nos acercamos a la iglesia latina, dedicada a San Antonio de Padua, y al convento franciscano. Tony, de poco más de veinte años, elogia a los franciscanos: “Gracias a ellos hoy podemos volver a casa”. De hecho, el padre Louai Bsharat y el padre Khukaz Mesrob, sacerdotes de las aldeas vecinas de Yacoubieh y Knayeh, respectivamente, no han escatimado esfuerzos desde la liberación de Siria, el pasado 8 de diciembre. Con el apoyo del obispo latino Jallouf, han defendido la causa de todos los cristianos de la región ante las autoridades locales y nacionales. Aquí, los cristianos han sido expropiados de sus propiedades, tanto casas como tierras agrícolas. Los que se han quedado han soportado humillaciones, la privación de sus derechos y, en algunos casos, el encarcelamiento y la tortura. Ante el empeoramiento de la situación, la Custodia de Tierra Santa decidió permanecer presente en las aldeas de Yacoubieh y Knayeh: los frailes han sido los únicos religiosos que han soportado todas estas dificultades junto a sus hermanos cristianos, que ejercen de sacerdotes, enfermeros, profesores, abogados y mucho más. Entre gritos de alegría, los fieles no dudan en cargarlos sobre sus hombros en señal de gratitud.

En la iglesia franciscana, donde han desaparecido cruces, vidrieras, estatuas y altares, el obispo latino dirige la oración. Tras el Padrenuestro y el Ave María, los frailes cantan “Salve, Sancte Pater” en canto gregoriano, un himno franciscano del siglo XIV, invocando la protección y la ayuda de San Francisco de Asís, profeta del diálogo y la reconciliación. La tarea es inmensa, pero la nueva generación de frailes está dispuesta a afrontar el reto. 

El hermano Elias Giorgios, un hermano sirio en formación en Roma, mira los numerosos vídeos que inundan su teléfono. “Ghassanieh es mi pueblo natal. Es como si estuviera en un sueño, no puedo creerlo. Estoy sin palabras, lloro... Mi madre y mis hermanos están aquí. Me invade una profunda alegría y, al mismo tiempo, soy consciente de la magnitud de la destrucción... Pero tengo fe en el futuro; la gente ha desarrollado un fuerte sentido de pertenencia a nuestra tierra durante estos años de exilio. Esperan el regreso de sus hermanos para poder volver; confían en nosotros”.

Mientras las celebraciones siguen en pleno apogeo en las escaleras de la iglesia de San Antonio de Padua, muchas familias han extendido alfombras y las risas de los niños se elevan entre las ruinas. Se prepara café o mate y, por muy loco que parezca, hoy todos han vuelto a casa.

Se trata de un «acontecimiento histórico para la Custodia de Tierra Santa, un acontecimiento de extraordinaria importancia humana y eclesial», escribe Fr. Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa, en una carta dirigida a todos sus hermanos de Jerusalén.

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