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Solemnidad de Todos los Santos de la Orden Seráfica

29 de noviembre de 2025

29 Noviembre 2025

La Solemnidad de Todos los Santos de la Orden Seráfica de este año la celebramos en vísperas de la apertura del último Centenario Franciscano, el de la Pascua del Poverello de Asís. Se trata de la etapa final del itinerario conmemorativo que la Familia Franciscana se propuso recorrer entre 2023 y 2026. Sin embargo, lejos de cerrarse aquí, este camino nos abre al futuro: a un nuevo capítulo en la historia de la Orden y de la salvación, en el cual todos los franciscanos estamos llamados a dejar una huella y a escribir una nueva página.

Francisco, en su Carta a toda la Orden, escribía: “No retengáis nada para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero”. Estas palabras deben haber guiado el corazón, la mente y los pasos de tantos hermanos que, en los ocho siglos de historia franciscana, han vivido realmente hasta el fondo el proyecto de Francisco, acogiendo a Dios sin reservas y amando al prójimo hasta el final.

Una multitud de personas que, en orden cronológico, va desde San Francisco (canonizado el 19 de julio de 1228 por el papa Gregorio IX) hasta los Mártires de Damasco (canonizados el 20 de octubre de 2024 por el papa Francisco), y que ya se extiende hasta los frailes menores franceses víctimas del nazismo, que serán beatificados el próximo 13 de diciembre en París.

En el congreso titulado “La santidad hoy”, promovido por el Dicasterio para las Causas de los Santos en octubre de 2022, Fr. Maurizio Faggioni OFM, retomando la Constitución Lumen Gentium, recordaba cómo la vocación universal a la santidad era una llamada consecuencia del bautismo, gracias al cual los cristianos “han sido hechos verdaderamente hijos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, y por lo tanto realmente santos”. En virtud del bautismo, por tanto, todos estamos llamados a la santidad, cada uno en el contexto en el que vive, incluso allí donde el odio, la indiferencia, la violencia, el hambre, la guerra y las tinieblas parecen prevalecer. Al repasar los últimos años de la vida terrenal de Francisco, los Centenarios nos han enseñado a detenernos ante el misterio de la Encarnación para contemplar la grandeza del amor divino por la humanidad; a celebrar la Regla para ser una fraternidad abierta y en salida, constructora de una nueva cultura de encuentro y de amistad social; a hacer silencio para escuchar y seguir a Cristo, conformándonos totalmente a Él; a cambiar nuestra relación con la Creación y sus criaturas; a acoger con canto a la hermana muerte corporal para poder entrar en plena comunión con Dios.

En este día de fiesta para toda la Familia Franciscana, hagamos resonar en nosotros el testimonio de Francisco, que rezaba con estas palabras: 

Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios,
danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, 
y desear siempre lo que te agrada, 
para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrazados por el fuego del Espíritu Santo,
podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, 
que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, 
Dios omnipotente,  por todos los siglos de los siglos.

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Familia franciscana Santos Franciscanos Centenario Franciscano
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