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Vietnam, inauguración de la nueva iglesia en el pueblo de Bla

16 de abril de 2026

04 Mayo 2026

El pasado 16 de abril, en la comunidad de Bla, una misión aislada en Vietnam, se vivió un día alegre y festivo con motivo de la consagración de la nueva iglesia del pueblo: no se trataba de una felicidad pasajera, sino de la alegría de la vida triunfando sobre la muerte y de la esperanza venciendo a toda oscuridad.

La misión de Bla ha pasado por muchos altibajos. En 1993, un grupo de personas de minorías étnicas —guiadas por una familia católica vietnamita— empezó a conocer el catolicismo. Perseveraron durante tres o cuatro años de estudio antes de ser bautizados como hijos de Dios. La distancia desde su pueblo hasta la clase de catequesis era larga —más de veinte kilómetros— y estaba flanqueada por matorrales densos y bosque. El camino estaba polvoriento en verano y embarrado y resbaladizo en la temporada de lluvias. Su medio de transporte por aquel entonces era una bicicleta vieja y destartalada o simplemente ir a pie; casi todos los días se rompía algo, lo que les obligaba a empujar la bici el resto del camino.

Esas penurias forjaron almas fuertes, resilientes y firmes en la fe. Incluso cuando los citaban en el comité comunal local para interrogarlos, los amenazaban con armas, los presionaban para que renegaran de su fe o los obligaban a realizar trabajos forzados durante días, se mantuvieron firmes. El Sr. Arich les dijo a las autoridades: «No podemos abandonar nuestra fe porque está en nuestras almas y en nuestros corazones. La fe no es como la ropa, que te puedes quitar cuando quieras. Por eso, no podemos renunciar a ella». En lugar de sentir miedo, su amor por Dios se hizo más intenso, lo que los impulsó a proclamar con valentía el Evangelio a todo el mundo y a los pueblos vecinos.

Al paso del tiempo, las semillas que sembraron empezaron a dar fruto. Cada año, en la Vigilia Pascual, nuevos miembros se convertían en hijos de la Luz, hijos de Dios. A medida que el número de personas crecía, también lo hacía la necesidad de un lugar donde reunirse para orar, rezar el rosario, compartir la Palabra de Dios y celebrar la Eucaristía. Así, en 2010, se construyó una capilla gracias a la generosidad y al amor a Dios del Sr. Philip Plâl. No era más que una pequeña habitación de invitados. Poco a poco, esa pequeña habitación se fue renovando y ampliando. Las autoridades pusieron trabas, prohibiendo la ampliación e incluso derribando partes de ella. Sin embargo, ante la firme voluntad y la lealtad de los aldeanos, las autoridades acabaron permitiendo que las actividades religiosas continuaran sin más interferencias. Aun así, la diminuta capilla no podía satisfacer las necesidades de la creciente congregación, por lo que el Guardián de la Fraternidad de Pleiku y el hermano a cargo de la misión de Bla, junto con los aldeanos, aportaron mano de obra y recursos, decididos a construir una nueva capilla digna. Con la sugerencia del Ministro provincial y el apoyo de la Provincia, la Fraternidad, los benefactores, los familiares y los lugareños, finalmente se terminó y se bendijo una nueva capilla tras ocho largos meses.

La Meseta Central es conocida como la tierra del sol y el viento, y realmente lo es. En el calor sofocante de abril, la mañana del jueves 16 de abril de 2026, se celebró solemnemente la Eucaristía. Fue presidida por el obispo de la diócesis de Kontum, Mons. Aloisio, junto con su Vicario, y el Ministro de la provincia vietnamita «San Francisco de Asís», Fr. John of God Nguyen. También asistieron muchos sacerdotes, religiosos y fieles, así como bienhechores y familiares venidos de todas partes. Esta amplia y vibrante comunión fue un hermoso signo de la Iglesia local: una Iglesia unida en la fe y el amor.

Desde primera hora de la mañana, multitudes acudieron en masa desde todas las direcciones al nuevo santuario, creando un ambiente lleno de alegría, gozo y santidad. El carácter festivo se vio realzado por la ceremonia de bienvenida, en la cual el sonido de los gongs resonaba al compás de la suave y elegante danza Xoang de los jóvenes bahnar.

Antes de la misa, a las 8:00 de la mañana, el Ministro provincial ofreció una profunda reflexión sobre la herencia de san Francisco y los valores fundamentales de la espiritualidad franciscana. Habló de la conversión radical que surge de dos encuentros: el encuentro con el leproso y el encuentro con Jesucristo crucificado en San Damián. La segunda herencia es el amor a la Iglesia y a la Eucaristía. La tercera consiste en vivir la fraternidad: ser hermanos de todas las personas y de toda la creación. Por último, destacó el anuncio del Evangelio de la paz. Sus palabras iluminaron el significado del evento: construir un santuario no solo con materiales físicos, sino también mediante una vida de pobreza, humildad y fraternidad, arraigada en la Iglesia, en la contemplación de la Eucaristía y en el anuncio de la fe.

Durante la misa, a través de la liturgia y de la homilía del obispo, se invitó a la comunidad a tomar conciencia de que una iglesia no es solo un lugar para celebraciones, sino un hogar de comunión: un espacio donde todos encuentran paz y alimento para su vida de fe. La alegría de esta dedicación no termina con la finalización del edificio; más bien abre un nuevo camino: el de construir una comunidad viva, fiel al Evangelio, y convertirse en testigos en el mundo.

La alegría de ese día es la alegría de un pueblo renacido. A partir de sacrificios silenciosos, esfuerzo constante y oraciones perseverantes, todo se ha concretado en un lugar sagrado donde Dios habita entre su pueblo. Este acontecimiento servirá como recordatorio para todos los frailes: permanecer fieles a la vocación de vivir la «minoridad» dentro de la Iglesia; estar cerca del pueblo de Dios, especialmente de las comunidades más necesitadas; y convertirse en instrumentos de paz, contribuyendo a la construcción de la Iglesia a través de una vida sencilla de servicio.

Que Dios, por intercesión de san Francisco de Asís, continúe bendiciendo a la comunidad de Bla, al obispo, a los sacerdotes, a los religiosos, a los benefactores y a todos nosotros, para que cada persona se convierta en una «piedra viva» en la casa de la Iglesia.

Fr. Duc Tri OFM

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Entidades OFM en el mundo
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Missiones
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