Del 2 al 18 de febrero, Fr. Massimo Fusarelli, Ministro general, y Fr. Victor Quematcha, Definidor general, realizan una visita fraterna a las Provincias de “San Benito Africano” y “Santa María de los Ángeles” en la República Democrática del Congo.
El 2 de febrero llegaron a la provincia africana de San Benito entrando en la ciudad de Goma, al este, provenientes de Nairobi. Recibidos en el aeropuerto por los frailes, la Orden Franciscana Seglar, las hermanas franciscanas y varios niños y jóvenes, llegaron a la casa de los frailes que fue abierta hace un año en esta ciudad, que con dos millones de habitantes es la más grande del Congo oriental.
Los estragos de la guerra y la pobreza que marcan esta tierra desde hace treinta años son evidentes a primera vista. Una de las guerras olvidadas pero que aun ahora persiste y causa muertos, violencia, abusos, refugiados y una inseguridad continua que elimina cualquier futuro. Los intereses de las potencias del Norte del mundo y la corrupción dan paso a que todo esto suceda.
El atentado contra la casa común mediante la excavación indiscriminada en busca de minerales preciosos, tan útiles en Occidente, la deforestación y la explotación de mantos acuíferos se une al abuso, que aquí es continuo, de la persona humana. Después de haberse reunido con los hermanos y hermanas de la Familia Franciscana, Fr. Massimo y Fr. Victor pudieron entablar un encuentro con el obispo de Goma, que les presentó esta situación tan difícil, pero también el compromiso de esperanza de las comunidades cristianas para este territorio.
La mañana del día 3, después de las laudes y la Eucaristía, fueron al campamento de refugiados más pequeño de los 14 campamentos existentes. En este campamento hay 75.000 refugiados y desplazados, es por eso que se pueden contar por millones los refugiados que hay en Goma. El Ministro y el Definidor entraron a pie en lo que puede describirse, sin retórica, como un infierno. Miles de persona hacinadas en un espacio reducido, pequeñas tiendas de plástico donde viven 78 personas, y otras tiendas mas grandes donde llegan a vivir hasta 500 personas. Niños recien nacidos en estas pequeñas moradas, muchos niños para la distribución diaria de alimentos que hacen las Hermanas Franciscanas de N. S. del Monte. Hay muchas mujeres mayores, jóvenes y niñas que trabajan duramente.
Los frailes escucharon atentamente el relato de la violencia, de la inseguridad, de todo lo que ocurre en este y en otros campamentos. Encontraron a unos niños de una escuela en la cual el día anterior había estallado una bomba, ya que los rebeldes se encuentran en las afueras de la ciudad.
Tras el encuentro con esta realidad, Fr. Massimo dijo: “Nadie habla de esta crisis humanitaria sino esporádicamente. La guerra que aflige a esta tierra no es menos que las otras más presentes en los medios de comunicación. No olvidemos a este pueblo valiente y tenaz, démosle una esperanza a estos niños. La labor de la Iglesia y de los religiosos es grande, pero sigue siendo una gota en el océano mientras las potencias internacionales no se decidan a poner fin a la explotación de esta tierra y de sus gentes. Oremos por la paz, apoyemos la justicia, no miremos hacia otro lado”.