El jueves 5 de junio, los participantes al Capítulo de las Esteras abordaron el segundo tema central del encuentro: Comunión y caminar al estilo de una fraternidad de menores.
El argumento de reflexión lo abordo Sor Therèse Myriam, Abadesa de las Clarisas Coletas de Asís, quien, antes de acudir a este encuentro, se reunió con las hermanas de su convento - 13 en total, de edades comprendidas entre los 30 y los 87 años, en su mayoría francesas junto con una italiana, dos del Congo y una de Gabón. Este intercambio suscitó en ellas algunas preguntas, que dirigió a la asamblea.
Sor Therèse destacó la riqueza geográfica y cultural de la Orden, evidente y fascinante en estos días. “¿Puedes vivir esta realidad a la luz de la historia del auténtico Hermano Menor, en gratitud porque el otro, diferente de mí, existe?” pidió a los presentes, recordando la intuición de San Francisco de programar los Capítulos el día de Pentecostés, bajo el soplo del Espíritu, que “suscita los diferentes carismas en la Iglesia. Aparentemente, esto parece crear desorden, en realidad, bajo su guía, constituye una inmensa riqueza, porque nos impulsa a vivir la diferencia en comunión”.
A continuación, la abadesa se refirió al claustro, un “don” que permite a las hermanas permanecer juntas a pesar de las diferencias. Y ahora se dirigió a la asamblea con otra pregunta: “¿Qué medios tienes para no huir del hermano que tienes al lado?” recordando el ejemplo del Papa Francisco que habló de las fraternidades que no son esféricas, sino polifacéticas, hechas de mil matices, a veces angulosas.
Y retomando otra cita del difunto pontífice, sobre la aparición del Resucitado en el Mar de Galilea y el fuego de brasas que creó un ambiente familiar, Sor Therèse preguntó: “¿Nos sentimos responsables, custodios de este fuego de brasas, comprometiéndonos a reavivarlo en momentos de oración personal, de detenerse de corazón a corazón con el Señor?”.
Citando el Instrumentum Laboris, se refirió al deseo de crecer en confianza mutua, a pesar de los conflictos. Recordando los últimos años de la vida de san Francisco, herido y decepcionado por la fraternidad, asciende al Alverna y, gracias a los estigmas, su vulnerabilidad se convierte en fuente de curación para el hermano León. “¿Reconocemos la vulnerabilidad en nuestras relaciones, incluso si estamos en una posición de liderazgo?”, ¿Somos capaces de dejar ver a nuestro hermano nuestros límites y al mismo tiempo abrazar los límites del hermano que tenemos al lado? ¿Somos capaces de escuchar a nuestro hermano, de no elegir el individualismo en lugar de la comunión? ¿No es esto ser “menor y estar sujeto a todos”?
Al igual que “Fr. Derrick Yap“ ayer, Sor Therèse, también retomó la imagen de la “maternidad” de Francisco hacia León, añadiendo la importancia del rostro del Padre de las Misericordias: “Me hago voz de tantos jóvenes, de tantos laicos y de tantas clarisas: ¡que vuestra fraternidad y minoridad crezca en la forma del Buen Pastor!”.
En sus conclusiones, la abadesa agradeció a los frailes menores su ejemplo de comunión, de estar “juntos”, y también a la Curia general el esfuerzo por fomentar el conocimiento mutuo a través del boletín Fraternitas.
Un discurso muy intenso por su parte, que provocó y estimuló el diálogo en el segundo día del Café Mundial, en el que se reflexionó sobre la vivencia del Evangelio de la fraternidad, estructurado en torno a tres temas principales: El primer punto abordó el tema de la formación, invitándonos a reflexionar sobre cómo las experiencias de formación, tanto inicial como permanente, han transformado la manera en que vivimos los valores franciscanos en nuestra vida cotidiana.
El segundo aspecto exploró la dimensión de la colaboración dentro de la Familia Franciscana, enfatizando experiencias significativas entre hermanos, laicos y otros miembros de la comunidad, tratando de comprender lo que hace posible la verdadera comunión.
Por último, se habló del compromiso concreto por la justicia, la paz y la integridad de la creación, reflexionando sobre cómo estas experiencias enriquecen la comprensión del carisma franciscano.
Lea la reflexión de la Hermana Therèse Myriam