Del 27 de agosto al 2 de septiembre, el Ministro general Fr. Massimo Fusarelli, OFM, acompañado por el Definidor general Fr. Siphelele Paulus Gwanisheni, OFM, visitó la Provincia de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, que comprende Madagascar y las islas de Mauricio. La visita incluyó encuentros con el Definitorio provincial, con los responsables de los proyectos, con las casas de formación —formadores y candidatos juntos— y con algunas realidades pastorales. Además, se celebraron encuentros con los laicos franciscanos, con dos monasterios de Hermanas Clarisas y con las hermanas franciscanas, en particular las FMM y las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada de Palagano, que colaboran activamente con los frailes de la misión.
La presencia franciscana en esta isla comenzó en 1959, con la llegada de los primeros frailes de la antigua Provincia de Lyon. Trabajaron en la evangelización misionera; las primeras vocaciones malgaches llegaron solo unos veinte años después. Hoy la Provincia cuenta con 51 profesos solemnes, 43 profesos temporales, siete novicios que comienzan el tiempo de prueba y al menos 14 postulantes, además de numerosos aspirantes. El 7 de septiembre, nueve frailes emitirán la profesión solemne y dos la temporal.
En los encuentros con los frailes, el Ministro general insistió en profundizar la identidad franciscana dentro del contexto malgache, superando la tendencia a concentrarse principalmente en el ministerio sacerdotal. Señaló como prioridades la formación y una evangelización cada vez más misionera, dirigida ante todo a los más pobres, y recordó la necesidad de una vida fraterna de calidad, hecha de oración y de compartir, especialmente para sostener la vocación de los frailes más jóvenes. La reflexión se centró también en el camino que la Provincia ya está recorriendo hacia la autosostenibilidad económica, mediante proyectos en los que los propios frailes trabajan para generar lo necesario para su sustento cotidiano.
La sencillez y la alegría de la fe y de la vida comunitaria han tocado a los hermanos que realizaron la visita y permiten mirar con esperanza al futuro de esta joven Entidad y a la rica presencia franciscana en una gran isla situada entre África y Asia. Un cruce de culturas, marcado por la inestabilidad política, por graves injusticias sociales y por una pobreza profunda y generalizada, y al mismo tiempo por el deseo —sobre todo entre los jóvenes— de desarrollo y de un futuro mejor.