Como cada año desde 1974, cuando el papa Pablo VI la instituyó con la exhortación apostólica Nobis in animo, el próximo 3 de abril, Viernes Santo, se celebrará en todas las iglesias católicas del mundo la Colecta para Tierra Santa. Un gesto de solidaridad y comunión eclesial con la Iglesia Madre de Jerusalén que este año adquiere un valor aún más importante para el mantenimiento de los Lugares Santos y, sobre todo, para los cristianos que viven en una tierra devastada por la guerra.
El Ministro general, Fr. Massimo Fusarelli, invita a los hermanos de toda la Orden a asumir y cuidar de manera especial la colecta de este año, con todas las iniciativas posibles para sensibilizar, informar y pedir apoyo concreto para los cristianos de Oriente Medio, donde los Hermanos Menores están presentes desde la época de San Francisco.
En su carta, el Custodio de Tierra Santa, Fr. Francesco Ielpo, recuerda cómo el conflicto bélico ha traído destrucción y muerte a Gaza, Cisjordania, Israel, Líbano y Siria. Países en los que las comunidades cristianas sufren las consecuencias directas e indirectas de la guerra: no solo los bombardeos, sino también la ausencia de peregrinos, lo que “ha agravado una crisis económica y laboral ya de por sí profunda”, escribe el Custodio. “Muchas familias cristianas, que se ganaban la vida gracias a los Lugares Santos y a las actividades relacionadas con las peregrinaciones, se encuentran hoy en grandes dificultades. La falta de seguridad y de trabajo hace cada vez más difícil mantener a las familias y, más aún, imaginar un futuro para los jóvenes y las nuevas generaciones”, continúa Fr. Ielpo.
Con la Colecta del Viernes Santo podrás “apoyar a escuelas, parroquias, obras benéficas, proyectos sociales e intervenciones de emergencia, manteniendo viva la presencia cristiana en los lugares donde nació el cristianismo”, dando gran importancia a la educación, la única clave verdadera para una cultura del diálogo, del encuentro y de la paz.
Incluso el prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, el cardenal Claudio Gugerotti, en su carta publicada el pasado 16 de marzo dirigida a los obispos católicos de todo el mundo, hizo un llamamiento para apoyar la colecta: “Las armas siguen disparando, la gente sigue muriendo, las tierras siguen siendo objeto de disputas y los cristianos siguen emigrando para salvar la vida. Incluso las escuelas a menudo no reciben a los profesores porque no se les deja pasar”. El cardenal invita a la oración, a la esperanza —“Dios es nuestra esperanza”— y a un gesto concreto “para ayudar a los hermanos y hermanas en peligro extremo a vivir un día más, a encontrar la posibilidad de esperar y de volver a empezar”.
Un signo de conversión, de comunión, de cercanía y de fraternidad con quienes sufren las consecuencias de la guerra, sin olvidar las palabras del papa León pronunciadas en el Ángelus del pasado 15 de marzo: “En nombre de los cristianos de Oriente Medio y de todas las mujeres y hombres de buena voluntad, me dirijo a los responsables de este conflicto: ¡cesad el fuego! ¡Que se reanuden las vías de diálogo! La violencia nunca podrá conducir a la justicia, la estabilidad y la paz que los pueblos esperan”.
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