A los Frailes de la Orden
A las Hermanas Clarisas y Concepcionistas
A las Religiosas Franciscanas afiliadas a la Orden
A las laicas y laicos franciscanos
Roma, 10 de abril de 2025
Estimados Hermanos y Hermanas
¡Que el Señor les dé la paz!
Mientras nos acercarnos a la Semana Santa, me gustaría reflexionar sobre un elemento fundamental en la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús: su oración.
Los Evangelios atestiguan que Jesús oró durante toda su vida, buscando espacios de intimidad con el Padre. Junto a sus apóstoles oró en el Templo, antes de sus gestos más significativos. La oración fue el ámbito ordinario de su existencia y nos invita a entrar con Él en este misterio.
Jesús siempre oró, incluso en la hora oscura de su pasión. En el Domingo de Ramos junto a la multitud bendice al Padre. Durante su Última Cena da gracias por los dones del pan y del vino. En el Getsemaní su oración fue tan intensa hasta derramar sangre para adherirse a la voluntad del Padre. En la cruz ora encomendándose al Padre y perdonando. En el silencio del Sábado Santo permanece completamente encomendado al Padre.
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