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En Opinión de Fray Massimo - Marzo de 2024

30 Marzo 2024

El pasado 3 de febrero visité el campamento de refugiados en Goma, un lugar de vida y dolor, lleno de niños gritando y al mismo tiempo de tantas penurias. Los frailes y las religiosas que están presentes y trabajan allí nos llevaron a una de las tiendas donde la gente vive en un pequeño esapcio. En una de estas encontramos a cuatro mujeres con con niños muy pequeños, desde tres días hasta un mes. El espacio es estrecho, muy pobre, no obstante, dos de estas madres nos regalaron sus mejores sonrisas y nos dieron a sus bebés para cargarlos y tener un momento de ternura en un lugar tan oscuro.

He visto realmente la Pascua presente en ese lugar, sostuve en mis brazos la Pascua de la vida más fuerte que la muerte, y es este signo de esperanza el que me ayudó a seguir caminando por el polvo de aquel campamento de refugiados, así como por otros lugares marcados por tantas penurias en el resto del tiempo que pasé en el Congo y otros países africanos. 

La Pascua está en medio de nosotros, florece en nuestros brazos, está presente en las fatigass y también en las diferentes muertes que experimentamos. 

La Pascua no es el milagro que llegará después, es la novedad que estalla ahora en nuestras vidas. 

En este espíritu, pienso en nuestros hermanos y hermanas de Haití, que viven en un contexto de gran violencia e inseguridad. Al igual que pienso en nuestros hermanos de Cuba que están al lado de un pueblo tan probado y que parece no tener esperanza. 

De la misma forma pienso en los hermanos que comparten el incomprensible drama de la guerra tanto en Ucrania, como en Israel y Palestina, sin olvidar Siria y Líbano

Mis pensamientos están con mis hermanos de Sri Lanka, donde más de un tercio de la población sufre escasez de alimentos mientras lucha por recuperarse de los años de la guerra. Nuestros hermanos estan allí.  Pienso en el reto de la reconstrucción tras el terremoto de Marruecos, especialmente en Marrakech, e incluso allí la sonrisa de Pascua emerge entre los escombros. No puedo olvidar los países de Asia los cuales estoy visitando estos días al celebrar la Pascua, así como muchos otros lugares del mundo.

La Pascua ya está presente, la Pascua está aquí y ahora en nuestro mundo transgredido por el sufrimiento de la creación, nuestra casa común. Una mirada nueva, fruto de la fe pascual, nos ayuda a reconocerlo.

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