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En opinión de… Fray Massimo - Noviembre 2023

25 Noviembre 2023

En mis últimas visitas, he podido encontrarme con varios hermanos que viven en situaciones de guerra y diferentes formas de tensión sociopolítica. Me vienen a la mente los hermanos de Ucrania, Siria y Líbano, Israel y Palestina, Guatemala, Nicaragua, Panamá y el resto de Centroamérica; Haití y Cuba, Sudán y Sudán del Sur, hasta el norte de Mozambique. Pronto visitaré a los hermanos en el Congo y especialmente en el este, en Kivu, una zona muy conflictiva. Pienso en los que viven en Myanmar, Sri Lanka, el sur de Filipinas, Rusia, así como en otras partes de América Latina, además de África y Asia. No es posible nombrarlos a todos.

Una característica común es que los hermanos permanecen cerca de su pueblo, compartiendo su suerte, sus dificultades, a menudo las luchas más justas por la paz y la justicia. Esto ocurre también exponiéndose en primera persona.

Permanecer cerca de la gente, de los cristianos y no sólo de ellos, es una forma de traducir la palabra de nuestra Regla: los hermanos que por divina inspiración van entre los pueblos... De hecho, corresponde a nuestra vocación ir y permanecer entre y con la gente, cristianos y no crostianos. Tal como nos lo recuerdan nuestras Constituciones en el art. 89 §1: «El testimonio de vida o proclamación silenciosa del Reino de Dios es ya un cierto comienzo y el primer modo de evangelización, que puede y debe ser ofrecido por todos los hermanos, tanto clérigos como laicos, predicadores, orantes, o “trabajadores”, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, de suerte que, al mismo tiempo que viven la vida minorítica, confiesan que son cristianos». 

He aquí una oportunidad para volver una y otra vez al centro de nuestra vocación.

Este es realmente uno de los signos de los tiempos que vivimos en esta la actualidad, inmersos en una humanidad inquieta y sometida a duras pruebas en este momento de la historia. También representa una invitación para todos nosotros, hermanos menores dispersos por el mundo, a no olvidar que vivimos nuestra vocación evangélica de hermanos y menores, insertos en las realidades concretas en que vivimos. Estas realidades por doquier son difíciles y los hermanos que viven en las situaciones más tensas nos ayudan a recordarlo.

Tenemos así una valiosa oportunidad de crecer en nuestro sentido de pertenencia a la fraternidad de toda la Orden extendida por el mundo. Lo que viven los hermanos en uno u otro continente nos afecta a todos y nos pertenece. Por eso hacemos nuestras las angustias y las esperanzas, las alegrías y los sufrimientos de los hermanos que viven en zonas más necesitadas del mundo, comprometiéndonos también a conocerlos mejor, a orar por ellos y apoyarlos en la medida de lo posible.

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